Snowden, para meditar

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Snowden, para meditar

Julio 19, 2013 - 12:00 a. m. Por: Liliane de Levy

Edward Snowden, el exfuncionario de la NSA (National Security Agency) norteamericana quien reveló que su país espía en forma masiva a todo el mundo -incluyendo sus aliados- sigue preocupando a la opinión, con aspectos nuevos que salen a relucir.Como se sabe, el tímido y frágil personaje irrumpió en la escena internacional al refugiarse en Hong Kong para revelar que en su trabajo, en la importante NSA, se dio cuenta que Estados Unidos viola las libertades esenciales de la individualidad que la Constitución norteamericana defiende y acumula una extensa información sobre todos y cada uno de sus ciudadanos así como mucha gente y entidades oficiales en el exterior. Lo hace en nombre de la seguridad nacional y los desafíos terroristas que pesan sobre su cabeza. El presidente Obama salió enseguida a defender tal práctica de vigilancia extrema y a afirmar que gracias a su eficacia su país había logrado frustrar docenas de atentados de la magnitud del 11 de septiembre 2001. En el exterior se reaccionó de manera diversa. Hubo gente que aplaudió la iniciativa de Snowden por considerarla una denuncia de la intromisión en la vida privada y la individualidad; otros la censuraron por considerarla un obstáculo en la lucha contra el terrorismo. Y de repente surge una tercera respuesta al sonado caso; habla claramente de espionaje e insinúa que el exfuncionario de la NSA se convirtió en espía reclutado por Rusia con el fin de desacreditar a Estados Unidos y crearle problemas con sus aliados y vecinos. La operación haría parte de una rivalidad creciente entre los dos países que recuerda la tenebrosa Guerra Fría de los años anteriores a la caída del comunismo y la Unión Soviética.Lo cierto es que muchos indicios apoyan esta tercera teoría. Los expertos se preguntan entre otros: ¿por qué Snowden escogió a Moscú después de su refugio inicial en Hong Kong ¿Quién contactó a quién? ¿Llegó Snowden a Moscú de sorpresa o lo estaban esperando? El caso está rodeado de misterios.Sin embargo Estados Unidos sale efectivamente lesionado: las revelaciones de Snowden dividieron a Europa y enfurecieron a muchos de sus aliados; también le dieron alas a la marcada inclinación anti-norteamericana en Latinoamérica, agravada por el caso del avión de Evo Morales y que, según algunas fuentes, fue motivado por una ambigua información proveniente de Rusia. En cambio Moscú se encuentra en una posición privilegiada; no importa que rumbo tome el caso de ahora en adelante, siempre saldría ganando. Si protege a Snowden lo haría con el argumento que quiere “proteger las libertades”; si lo entrega lo haría en nombre de la estrecha colaboración que sostiene con Estados Unidos en el lucha contra el terrorismo. Una jugada maestra de su presidente Vladimir Putín, curtido en el arte de la conspiración adquirida por años al servicio de la KGB.También desconcierta que apenas aterrizado en Moscú la prensa (controlada) rusa llamó a Snowden “valiente disidente” y Putín lo comparó con nada menos que Sakharon, el Premio Nobel de la Paz oprimido en la ex-Unión Soviética. Y pensar que Lenin lo habría tildado de “idiota útil”.Entretanto las autoridades rusas se apoderaron de las computadores repletas de información confidencial de Snowden y lo mantienen en un aeropuerto a la espera de una decisión. Es su rehén.En los Estados Unidos el debate sigue acalorado: difícil para esta sociedad abierta aceptar la noción de “menos vida privada para garantizar mayor seguridad”. Aún cuando no existen más alternativas.

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