Obama y la realidad

Obama y la realidad

Septiembre 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

"Presidente que quiso terminar la guerra, vuelve a la guerra”, tituló ayer el Miami Herald a tono con todos los titulares mundiales. El viraje de 180 grados que acaba de tomar la política exterior norteamericana de Barack Obama viene a confirmar la confusión que en este aspecto experimentó su administración. El excesivo optimismo y la desbordante confianza del Presidente tuvieron que rendirse ante realidades dolorosas. Y con Obama aprendimos dos importantes lecciones que no debemos olvidar, en especial cuando nos referimos al Medio Oriente. La primera confirma el principio de Murphy y advierte: “Toda situación, por más mala que fuera, puede empeorar”. Y la segunda: “El enemigo de mi enemigo no es necesariamente mi amigo”. Con estas advertencias podemos quizás digerir algo del indescifrable enredo del Medio Oriente que trataré de resumir en pocas líneas:El Estado Islámico (EI) es el último villano en escena que Obama promete “degradar o destruir”. Se trata de un movimiento de extremistas sunitas que avanza en Siria e Iraq y tiene por meta derribar las fronteras en el mundo árabe para crear un califato entre los ríos Eufrates y Tigris. Crucifixiones, decapitaciones, masacres masivas de prisioneros e ‘infieles’ y más atrocidades horrorizaron al mundo y exigieron la respuesta de Estados Unidos y la coalición de 40 países que Obama dice reunir para enfrentarlos. Pero todo sucede en una región que alberga un sinnúmero de otros conflictos, que se complementan y contradicen a la vez y dificultan la tarea de combatirlos. Veamos: en esta región del Oriente Medio los chiítas odian a los sunitas; los persas a los árabes; los turcos a los kurdos; los iraquíes a sus rebeldes; los sirios también a sus rebeldes; los mismos rebeldes a otros rebeldes; los libaneses a los sirios; los egipcios a los qataris; los saudís a los iranís; los iranís a los rebeldes sirios... Lo único claro y consistente en este terrible enredo es el odio de todos a Israel. Un odio que durante años fue invocado, alimentado y explotado para unirlos pero que ahora, dada la ferocidad de sus propios odios, ya no cumple su útil función. Ante lo relatado y la aparición del EI violento, Obama tuvo que revisar sus buenas intenciones y su anhelo de poder “liderar desde atrás” para volver a colocarse en primera fila de la lucha contra el terrorismo que lo desafía directamente. La opinión pública estadounidense se lo exigió después de la decapitación de dos periodistas de ese país y las informaciones que comprueban la participación de norteamericanos y occidentales en general en las filas del EI; se adiestran y radicalizan y amenazan con volver a Estados Unidos o Europa a cometer atentados terroristas. “La realidad nos enseña que la retirada no sirve. Nos retiramos y todo se derrumbó”, dijo Vali Nasr, asesor emérito del Departamento de Estado norteamericano. ¡Y de qué manera!A pesar de los éxitos registrados por Obama cuando mataron a Osama Bin Laden y otros terroristas o cuando obligaron a Siria a deshacerse de su arsenal de armas químicas, todo se complicó y empeoró en muchas partes del mundo. Entre otros en Ucrania donde Vladimir Putin ignora el tono severo de Obama para juzgarlo y sigue apoyando a los separatistas, obligando al Presidente norteamericano a reenviar más tropas a Otan para defender Europa de la amenaza rusa. En Asia, China desafía a Obama por medio de una disputa territorial con el aliado japonés, obligándolo a tomar partido o perder influencia en la región. Entretanto los talibanes levantan cabeza desde sus refugios en Pakistán y Al Qaeda quiere rivalizar con el EI para liderar a los islamistas sunitas. Estados Unidos en su calidad de única superpotencia del planeta no puede sustraerse a tan alarmantes amenazas. Sus compromisos e intereses no lo permiten. La cruda realidad impone su ley.

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