Intoxicación política

Intoxicación política

Octubre 04, 2018 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

Los reportes médicos explican que una intoxicación se produce cuando penetra un tóxico en el organismo en cantidad suficiente como para causar daño. Con esta explicación en mente diría que Estados Unidos sufre de una intoxicación política aguda, ¡y necesita ayuda inmediata!

En efecto la política ha sacado a flote lo peor de la sociedad norteamericana: agresividad, odios, violencias, trampas, mala fe, racismo, sexismo, fanatismo religioso, egoísmo, arribismo, etc.

¿Quién tiene la culpa de tal deterioro? ¿Cuál fue el tóxico que causó el envenenamiento? Unos señalan a Donald Trump, por su manera ultranacionalista y divisiva de gobernar en nombre del Partido Republicano. Otros aseguran que son los afiliados al Partido Demócrata; ellos perdieron las últimas elecciones presidenciales (y la cabeza) con su candidata Hillary Clinton y, desde entonces, no logran digerir su derrota y quieren recuperar el poder a toda costa.

De parte y parte se echan la culpa y gente como uno, desde la distancia y poco involucrados en los enredos partisanos del país, observamos estupefactos. En estos momentos las rivalidades entre republicanos y demócratas llegan a niveles peligrosos para la misma democracia del gran país del Norte.

Ya no se trata de enfrentamientos normales dentro del juego político sino de una verdadera guerra, abierta y a muerte que se vale de todos los medios a su alcance, incluyendo los ilegales y fraudulentos. El momento lo explica: Estados Unidos se prepara para sus elecciones ‘Midterms’- o mitad de mandato- que se llevarán a cabo a principios de noviembre con el propósito de renovar el Congreso. De sus resultados dependerán las decisiones tomadas en el manejo del país y contar con mayoría en el Senado o la Cámara se vuelve vital.

Entretanto el presidente Trump decidió nominar al juez Brett Kavanaugh, de 52 años de edad (republicano de línea dura y opuesto al aborto) a la Corte Suprema para un cargo vitalicio de enorme poder -más que el mismo presidente. Dada la juventud del nominado, él asumiría el cargo por muchos años, inclinando la balanza de sus funciones a favor de los republicanos.

Obviamente los demócratas no gustan ni aceptan al candidato de Trump y movilizan una fuerte oposición para impedir su confirmación. Y fue entonces cuando apareció la carta de Christine Blasey Ford, una eminente sicóloga, para acusar a Brett Kavanaugh de haber intentado violarla (sin lograrlo) en una fiesta de adolescentes, hace 36 años, cuando él tenía 17 años y ella 15. Kavanaugh niega enfáticamente los hechos y jura ser inocente y víctima de una jugada sucia para desacreditarlo.

Finalmente la acusadora y el acusado fueron llamados a declarar ante los comités judiciales del Senado. Lo hicieron en largas sesiones televisadas y miradas por todo el país. Primero habló ella, adolorida y traumatizada pero también incoherente y fuera de algunas precisiones, sin aportar las evidencias necesarias para tan graves acusaciones. Y perdió puntos. Luego habló él, desesperado, lloroso, impaciente y torpemente agresivo para negarlo todo con vehemencia -aunque reconoció haber tomado demasiadas cervezas en su temprana juventud. Y también perdió puntos.

Pero lo más chocante es que aún antes como después de las declaraciones los demócratas apoyaron por unanimidad a la acusadora Christine Blasey Ford y los republicanos hicieron lo mismo con el acusado Brett Kavanaugh. La ‘presunción’ de inocencia, válida en todos los países democráticos, no fue considerada. Cada grupo actuó en bloque persiguiendo sus propios intereses políticos, en detrimento de la justicia y la verdad. Intoxicados e intoxicando a toda la sociedad norteamericana.

Frente a tanta confusión se tuvo que apelar a una investigación del FBI para darle alguna claridad al bochornoso asunto.

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