Greta y cómo juzgarla

Greta y cómo juzgarla

Julio 25, 2019 - 11:40 p.m. Por: Liliane de Levy

Durante los últimos días en Francia se habló mucho de Greta Thunberg, la joven sueca de 16 años que milita por la causa climática y fue invitada a participar en un debate sobre el tema en la Asamblea Nacional el martes pasado. Su visita fue aplaudida por unos, pero criticada por otros que decidieron boicotearla.

¿Quién es Greta Thunberg y por qué suscita admiración y crítica? Se trata de una niña que se dio a conocer hace un par de años, cuando tenía 14 años, por sus vistosas manifestaciones contra el deterioro climático y la degradación de la biodiversidad. La vimos entonces -como es ahora - menudita, frágil, vestida de manera descomplicada como niña que es, con sus cabellos recogidos en dos largas trenzas, la mirada ligeramente inexpresiva, pero el lenguaje claro y muy determinado. Hija de un actor y una cantante de opera, Greta ha sido diagnosticada con el síndrome de Asperger (un tipo de autismo que no afecta su inteligencia ni su lenguaje) pero, aun así, comenzó su ‘misión’ faltando al colegio para sentarse en las escaleras del parlamento sueco y repartir boletines alusivos al tema que le preocupa. También se las arregló para acercarse a celebridades del mundo de la política y la farándula y ganarlos a su causa. Y lanzó una campaña exitosa para pedir a los escolares tomarse un día libre (una huelga) en sus colegios con el fin de difundirla. 270 ciudades respondieron a su llamado.

En enero del año pasado, Greta Thunberg acaparó los medios cuando viajó a la Conferencia de Davos (en tren y no en avión, que considera demasiado contaminante) para reganar y sensibilizar a los representantes de las más importantes economías mundiales. Ellos la recibieron, la escucharon y la aplaudieron. ¿Qué dice Greta en sus emotivos y alarmistas discursos y que a menudo la ponen a sollozar?  Primordialmente que la tierra arde, que el mundo se acaba y que los políticos no hacen lo suficiente para prevenir el peligro. Y da la solución: “Dividir por cuatro nuestro consumo energético hasta el año 2050; iniciar una transición para el 100% de energías renovables, producidas de manera descentralizada, y acabar con los nucleares en el año 2030”.  Entre quienes la aplauden está la canciller alemana. Ángela Merkel, quien declaró al escucharla: “Los jóvenes nos obligan a enfrentar nuestras responsabilidades”. Greta también recibió importantes premios internacionales. Hoy sus seguidores aspiran al Nobel.

En Francia donde -contrariamente a Suecia- la razón prima sobre la emoción, la visita de Greta Thunberg no hizo la unanimidad y suscitó duras críticas. Muchos diputados decidieron no ir a escucharla en la Asamblea, considerando que “el tema de la degradación del clima y la biodiversidad es demasiado serio para ponerlo en manos de un infante”.  También aseguran que Greta viene “instrumentalizada” por intereses políticos y económicos y que todo lo que dice no es más que ventroloquía. Subrayan sus aspectos de ‘profeta del desastre’ y de ‘colapsóloga’ reclamando un obligado decrecimiento que sería catastrófico. También denuncian la profunda incultura de Greta, que vuelve todo debate imposible. Finalmente, ven en su labor un malicioso interés político de una extrema izquierda fracasada que se quiere ‘reciclar’ a sus expensas por medio de la causa climática. Por lo tanto ella solo responsabiliza a los occidentales (los menos culpables del deterioro climático) sin referirse a la India y China (dos de los más contaminantes del planeta). Ni a los países africanos, cuya tasa de fecundidad dispara el problema demográfico que es otro gran contaminante.

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