El gran ausente

El gran ausente

Enero 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Cerca de 4 millones de manifestantes desfilaron en París y toda Francia el domingo pasado en apoyo a la libertad de expresión; prueba contundente del apego a los valores republicanos y democráticos propios de un país emancipado y civilizado. La presencia de 44 líderes mundiales para encabezar y abrir la marcha popular confirmó la solidaridad internacional por la causa defendida en un gesto que resultó reconfortante y optimista. Este día el mundo libre gritó “Je suis Charlie”, al unísono. Sin embargo la ausencia del presidente norteamericano Barack Obama en París sorprendió y en estos momentos es objeto de un cuestionamiento severo. El New York Daily News lo acusó titulando en grande “Usted abandonó al mundo” (“You let the world down”).En realidad nadie comprende por qué el líder del llamado ‘mundo libre’ faltó a la cita en París, y cuáles son sus verdaderos motivos. Por qué Obama no viajó a París y si no pudo hacerlo por razones mayores por qué no envió a un funcionario de alto rango como el vicepresidente Joe Biden (¿Acaso los vicepresidentes no fueron creados para estas tareas?) o el secretario de Estado John Kerry o el carismático Bill Clinton, tan experto en manejos diplomáticos. Pero no; nadie estuvo en París de parte de la Casa Blanca en este día. Y aunque allá se encontraba el ministro de Justicia Eric Holder y habría podido llenar el vacío, él tampoco participó en la marcha. La representación de Estados Unidos recayó en la rutinaria función cumplida de la Embajadora, como si se tratara de cualquier reunión social o diplomática. Ante las críticas internas y externas la Casa Blanca terminó reconociendo su error y explicando que la ausencia de Obama se debió a asuntos de seguridad ya que cualquiera de los desplazamientos del Presidente necesita de una preparación intensa para protegerlo. Sin embargo, nadie cree que esa fue la excusa real y surgen diferentes interpretaciones que vale la pena conocer.Partiendo del indiscutible hecho de que Obama ha estado activo en la lucha contra el terror desde que asumió su cargo, los analistas buscan motivos valederos que justifican su no participación en el masivo levantamiento popular contra el terrorismo en París. Y en su mayoría llegan a la misma conclusión: Obama no participó porque no quiso. Y, ¿por qué no quiso? Pues simplemente porque su intención de salir del Medio Oriente y distanciarse de todos sus insolubles problemas que han costado miles de vidas y montañas de dineros a los norteamericanos en vano ha sido la constante de su política exterior. Por eso emprendió el difícil proceso de acabar con Abu Ghraib, distanciarse de Afganistán, de Pakistán, de Siria, de Egipto, del conflicto palestino-israelí, de Iraq... Sin lograrlo del todo todavía, pero es el propósito y lo sigue intentando. Cuando pasó lo que pasó en París con los ataques terroristas a la revista satírica Charlie Hebdo y el supermercado judío, rumores remanentes de la Casa Blanca insinuaron que Estados Unidos no se involucraría en el asunto porque no es ‘su’ problema. Y sus portavoces elaboraron discretamente sobre las culpas colonialistas, racistas y equivocadas políticas relacionadas con la integración o asimilación de los inmigrantes que existen en Europa y no en los Estados Unidos. Y por lo tanto Obama no desea involucrarse en problemas de los demás. Pero cuando sus críticos le recuerdan que el terror también golpea a los Estados Unidos con lo sucedido el 11 de septiembre del 2001, las decapitaciones de periodistas norteamericano, y otras tragedias, sus portavoces se vuelven ambiguos y no saben qué contestar.

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