¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo?

Junio 03, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Tres tiros le quitaron la vida en par boliones. Después de un largo día de trabajo en una fábrica de Yumbo, un hombre regresaba a su casa en el barrio Sena. Y fue ahí, en la acera de en frente, donde todo ocurrió. Un tipo se le acercó por detrás y sin mediar palabra le propinó los disparos. Todo por un celular y un maletín, que no tenía un botín, sino su uniforme y su material de trabajo. La víctima, esta vez, tenía 38 años, una familia por sacar adelante y muchos sueños por cumplir. Otro asesinato más. Otra de esas historias que a diario se viven en Cali y que nos tienen con los pelos de punta, nos entristecen, nos agobian y, sobre todo, nos atemorizan. Otra historia más para el récord. ¿Hasta cuándo? Difícil ha sido encontrarle respuesta a esta pregunta. No la veo clara. Menos aún cuando nos situamos como una de las ciudades más peligrosas del país, debido a la multiplicación delictiva de los últimos años. Por eso, este tema de la seguridad y la convivencia ciudadana no dejará de debatirse hasta que no haya soluciones verificables; y espero que, desde este espacio, como varios columnistas lo hemos venido haciendo, sigamos denunciando, cuestionando y colaborando a recuperar lo que nos corresponde.Hace un par de días discutía con un amigo acerca de si la violencia, tal cual como la vivimos ahora, es la misma de hace 10 ó 15 años. En mi humilde percepción, argüí que los más de 730 asesinatos cometidos a lo largo de este año en Cali demuestran que la situación ha empeorado y rebasan los límites de una simple percepción social. Él me alegó que, por el contrario, creía que todo seguía igual, pero que la inmediatez de redes sociales como el Twitter o dispositivos como el Blackberry permitían que las noticias se difundieran en segundos y aportaran más al pánico que hoy nos caracteriza. Su apreciación es válida, pero disiento, pues noto que sí han aumentado los actos delictivos; que producto de dirigentes paupérrimos, desde años atrás, no se han priorizado las estrategias en esta materia; que los rezagos del narcotráfico se han cultivado; que los candidatos, en su afán de poder, siguen prometiendo a la ligera; que las muertes, de una u otra forma, se disculpan; y peor aún, cada vez menos creemos en las fuerzas del orden, que no nos defienden, y en la Justicia, en donde somos mal atendidos y en donde todo precluye, por la razón que sea. Ante mis ojos, y me atrevo a decir que ante los de todos, vemos cómo Cali se nos salió de las manos.No podemos estancarnos echando culpas y seguir pensando en combatir más los síntomas que la enfermedad. Primordial definir una política de seguridad a largo plazo, que no he logrado descubrir de forma clara en las propuestas de los veintitantos candidatos a la Alcaldía, y fomentar un trabajo incluyente entre organismos de seguridad del Estado, autoridades locales, empresarios, líderes comunales y, pieza fundamental, ciudadanía. La lucha contra la delincuencia y la violencia no se enmarca en el incremento del número de policías ni mucho menos en militarizar los centros urbanos (en Venezuela, a pesar de que la militarización de la sociedad es una política de Estado, la criminalidad se ha disparado significativamente); sino en la conciencia y en la forma de actuar de cada quien.La lucha contra el delito merece especial atención. Algunos organismos de la ONU han insistido al respecto y ofrecido asesoramiento y asistencia que han recopilado desde la teoría criminalística y la experiencia. Debemos considerarla.Pero como es fundamental hacer parte activa de la solución, empecemos a generar cambios desde lo más básico: respetar en la casa, ser amables en la oficina, no madrearle al transeúnte o conductor en las calles, no agredir para corregir o hacernos escuchar. Así que mientras sigamos visibilizando la intolerancia y no procuremos en mejorarla de raíz, difícil veo el momento en que tanta zozobra cese; y para ello, no habrá policía que valga.

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