Principios versus gelatina

Principios versus gelatina

Junio 02, 2011 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

¿Por qué insiste Peñalosa en aceptar el apoyo de Uribe en su campaña a la Alcaldía de Bogotá? Supongo que calcula que con su buena posición en las encuestas más la popularidad del expresidente, es imbatible. Pero Mockus, Lucho Garzón y muchos analistas consideran que el apoyo de Uribe resta más de lo que suma, y recuerdan que en el pasado reciente dos candidatos apoyados por él pe perdieron las elecciones en la capital. Lo curioso es que nadie conoce mejor esta historia que Peñalosa, barrido por Samuel Moreno en el 2007, a pesar del apoyo de un Uribe que todavía tenía el sol de frente. Cuatro años antes otro hombre de Uribe, Juan Lozano, perdió las elecciones con Lucho Garzón. ¿Cómo se explica esta paradoja? Es fácil: el capital político de Uribe no es endosable porque el pueblo colombiano sabe que todos sus ministros, amigos, hijos, hermanos, primos y parientes hasta el noveno grado de consanguinidad son demasiado listos. Pujantes, digamos. Por milagro, en medio de ese mar de lodo emerge, impoluto, blanco y fragante cual lirio de la aurora, Álvaro Uribe.Lucho comparte la opinión de Mockus. Fajardo refunfuña desde la montaña pero no habla claro. No puede tomar partido por un señor tan cuestionado como Uribe, ni mucho menos enfrentarse con esa deidad antioqueña. “En la duda, abstente”, le susurra por las noches su matemática conciencia.Los peñalosistas califican al profesor Mockus de maniqueo, “cruzado”, fundamentalista, psicorrígido, etc. Aseguran que la intransigencia del profesor para hacer alianzas con el Polo y el Partido Liberal en las elecciones de 2010 fue una de las causas de la derrota. Yo creo que el amplísimo margen con que triunfó Santos es un misterio que los politólogos deben desentrañar algún día. Mockus no está haciendo sumas ni restas. Para él la política es una cuestión de principios, no de posiciones “flexibles” ni de actitudes “pragmáticas” ni de acuerdos “programáticos”. Un candidato no puede hacer alianzas con partidos o líderes situados al otro lado del espectro, so pena de perder su identidad. Y de arriesgar su reputación. En este momento Uribe no es una buena compañía. ¡Cómo será que hasta Barreras se ha distanciado del personaje!Se entiende que algunos líderes (Abadía, Villegas, Dilian y Martínez) consideren saludable la bendición de Uribe. Pero a los Verdes, un partido que tiene su nicho en la franja del voto de opinión y que ha construido su discurso sobre el rechazo al “todo vale”, aceptar ese espaldarazo es una incoherencia mayúscula y un pésimo negocio, si de ser pragmáticos se trata. La salud de una democracia, se sabe, depende del vigor y la diversidad de sus partidos. Por eso las divisiones del Polo y los Verdes dejan al país en el peor de los escenarios, en el reino del pensamiento único de la U, una colectividad demasiado heterogénea para merecer el nombre de partido.La única manera de que el Polo siga con vida es que reconquiste a Petro y salga de unas figuras insostenibles, como Clara López y los hermanos Moreno, que deben matricularse en el Nulismo. Los Verdes, por su parte, deben aceptar la renuncia tácita que han presentado Enrique Peñalosa y Sergio Fajardo, dos personajes que encajan mejor en la U, y lanzar a Mockus a la Alcaldía.

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