New York, New York

New York, New York

Enero 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

No conozco bien Nueva York, y soy un pésimo guía, pero no puedo contenerme. Aquí voy.Hay que ver Saint Patrick, la catedral que tiene unas puertas de bronce casi tan bellas como las del Baptisterio de San Juan (Florencia), y unos interiores sobrios, con esa austeridad monacal que la Reforma introdujo en los templos protestantes, cuando los santos y las jerarquías eclesiásticas y en general los intermediarios fueron reducidos de manera drástica y la grey se pudo entender directamente con Dios.Frente a Saint Patrick hay dos gatos rollizos en sendas canastillas. Entre ellos, un letrero infantil que grita ¡Please! y un plato repleto de los dólares compasivos que los transeúntes arrojan a manotadas. El mánager de los gatos no se ve por ningún lado. A unos metros de allí, una negra vieja y flaca tirita de frío echada en el andén. Está cubierta con una cobija de hilo rosada y su plato permanece vacío.En el Museo de Historia Natural hay dos carritos notables. Uno estuvo en Marte, puede ascender por un espejo enjabonado y distinguir un diamante de un circón. Algunas de las piezas del carro son de oro, pero no lo hicieron así para que brillara en las fotos, no crea usted, sino porque el oro no se oxida y es un conductor de electricidad insuperable. El otro carrito está en el salón dedicado a la arqueología mejicana: un paralelepípedo de arcilla montado sobre dos ejes y cuatro ruedas. Es un juguete precolombino encontrado en unas excavations realizadas en Veracruz y su valor es extraordinario: significa que la manida versión de que las civilizaciones americanas conocían el círculo geométrico, mas no la rueda de cada día, es un creencia frondia, sandia y falaz.El Museo Metropolitano de Arte es sorprendente. Tiene un millón de cachivaches, como cualquier museo -cuadros, esculturas, camafeos, muebles, alfileres, cofias, relieves, tapices, cacerolas, cetros- pero tiene piezas… anómalas, digamos. Por ejemplo edificios. Tiene un patio de una mansión Española del Siglo XV, con sus dos pisos, balcones, tapices, balaustradas y escalinatas. No es una réplica. Es el mismo patio del que se enamoró un millonario y se lo trajo para su finca en Arizona, no me pregunten cómo, y luego el Museo lo volvió a trastear a una de sus propiedades en las afueras de Nueva York.Hay también un templo que los emisarios del Museo se trajeron de Egipto a cambio de la ayuda americana para la construcción de la represa de Aswan. Fue fácil. Los emisarios cortaron el templo en grandes bloques con unas sierras de diamante y kriptonita, los numeraron y los echaron en un barco, y rearmaron acá el templo del faraón Dendur.Pero los emisarios del MET no estaban satisfechos. Entonces se trajeron varios monasterios, piedra por piedra y jamba por jamba, construcciones de miles de toneladas y muchos siglos, y los reconstruyeron en el ‘Jardín del Siglo XII’. En cada monasterio hay muchas estancias, y en cada estancia muchos salones y en cada salón mil y un objetos de época. El complejo total, The cloisters -objetos, salones, estancias y monasterios-, es considerado un objeto del museo y está registrado con el número 25.120.398. Como en una pesadilla minuciosa, el MET es un museo que contiene museos, que contienen otros museos...Yo creo que sus guionistas se inspiraron en el tarro de Avena Quaker, donde se ve un señor de peluca que tiene en la mano un tarro de Avena Quaker, donde se ve un señor que tiene en la mano un tarro de Avena Quaker…

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