Lápiz o fusil

Lápiz o fusil

Octubre 10, 2018 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

La propuesta de recortar tres billones de pesos al presupuesto de educación 2019 cayó como una patada en la entrepierna. Que al tiempo se anuncie un aumento de tres billones para defensa, es la tapa. Son medidas de difícil digestión en cualquier momento, y más ahora, con las hordas farianas desarmadas por la Administración Santos, y cuando se cumplen 13 años de la Ley de Justicia y Paz, el marco jurídico de la desmovilización de las hordas paracas en la Administración Uribe.

Pero no es raro. Es una tradición nacional darle tratamiento de segunda a la educación. Tampoco son nuevos los mimos a las Fuerzas Armadas. “La tradición civilista y democrática” de los militares tiene un precio. El “ruido de sables”, como llama la prensa las pataletas de los generales, siempre se silencia con oro y ascensos.

No digo nada sobre las auditorías al gasto de Mindefensa porque nunca han existido. Otro mimo coquetísimo.

Pero esta vez el Gobierno se muestra demasiado querendón. Las muestras de afecto empezaron el 7 de agosto, cuando cada arma del Ejército estuvo representada por soldados situados justo arriba del centro de la tarima principal, y Duque les dedicó cinco elogiosos párrafos de su discurso. Era una venia protocolaria, claro, pero sonó excesiva en labios de un miembro del partido que había criticado durante seis años el apoyo de las FF.AA. a las negociaciones de La Habana.

El coqueteo tomó cuerpo con el nombramiento de Guillermo Botero en la cartera de defensa, un empresario tropero, siguió con la propuesta de Uribe de crear un tribunal especial para los militares dentro de la JEP y, cereza del pastel, tres billones de pesos de un solo plumazo.

Todo esto apunta a la reconciliación de Uribe con las FF.AA., una relación que funcionó muy bien hasta La Habana, y se complicó luego, cuando Uribe quiso torpedear la JEP, lo que cayó muy mal entre los dos mil militares que se están beneficiando de las gabelas que ofrece este tribunal, y llegó a su punto más bajo cuando María Fernanda Cabal dijo que la cúpula militar era un grupo de inútiles que debían ser relevados.

A Uribe lo pone nervioso la JEP porque es un tribunal independiente. Teme que los militares revelen allí los goznes Gobierno-Ejército-paramilitares, los informes confidenciales de los falsos positivos.

Después de mil vueltas, su astuto cerebro encontró la salida: abrir una sala especial para militares dentro de la JEP, con magistrados de bolsillo, por supuesto.

A los que nos molestaba el costo del esquema de seguridad de Uribe, nos faltaba la segunda taza: ya no serán miles de millones de pesos al año sino tres billones, sin contar el costo del detrimento de la calidad de la maltrecha educación pública.

P.D.: En el hall del Teatro Palmeras de Palmira había un espejo ondulado. A los niños nos encantaba mirarnos en él. No he visto nada más gracioso: según la distancia, uno se veía gordísimo, o flaco y largo, larguísimo, y todas las desproporciones y combinaciones imaginables: una cabeza enorme sobre un tronco muy corto, como de insecto, o una barriga como un globo con cabecita de hormiga y piernas cortísimas. Ese espejo era mejor que el cine, era divertidísimo y tenía una función secreta y genial: nos enseñó a burlarnos de nosotros mismos.

El espejo estuvo perdido durante 50 años. El pintor Jacobo Pérez acaba de encontrarlo y quiere comprarlo para ponerlo en el hall del Teatro Materón. Los palmiranos debemos apoyar esta linda idea.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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