La JEP y el CD

La JEP y el CD

Junio 21, 2018 - 06:58 a.m. Por: Julio César Londoño

Al caer la tarde del domingo Duque ganó con una mayoría contundente y echó un discurso ritual en la noche: llamó a la concordia y a la unidad nacional y prometió gobernar para todos. ¡Hasta para los petristas! Está bien, es lo que debe hacer un presidente. En la noche, muchos líderes nacionales saludaron su triunfo y le desearon suerte con una vieja fórmula que expresa perfectamente la esperanza de cualquier ciudadano sensato: si a Duque le va bien, al país le va bien.

Pero el lunes el Centro Democrático volvió a sus andanzas y arremetió contra la JEP en el Congreso, le aplicó la aplanadora (CD + Cambio Radical + algunos senadores liberales + muchos senadores conservadores + Opción Ciudadana + los pastores) y aplazó la votación de la Ley de Procedimiento de la JEP, la Justicia Especial para la Paz.

Puro estilo CD. Nada novedoso. O sí: desde febrero del año pasado el CD está saboteando la votación de la ley de procedimiento: siete veces repitió la marrulla: su bancada abandonaba la sala en el momento de la votación, se tiraba el quórum, la votación era aplazada, el presidente del Senado volvía a convocar el debate, los parlamentarios echaban discursos y madrazos durante horas y al momento de la votación la bancada del CD repetía su travesurilla. Ahora no tienen que abandonar la sala: imponen su aplanadora y ganan la votación.

Esta jugada les ha permitido neutralizar la JEP, mantener en el limbo la situación jurídica de la cúpula de las Farc y objetar su participación en política. Mientras tanto, y para dejar en claro sus bélicas intenciones, quieren extraditar a ‘Santrich’ sin que la Justicia estadunidense muestre las famosas pruebas, y sin que, por lo tanto, la JEP pueda decidir si el traqueteo del ciego bolerista ocurrió antes o después de diciembre de 2016.

Nota: la JEP es el tribunal que juzgará las violaciones a los Derechos Humanos por parte de los actores armados del conflicto. Su funcionamiento debió estar reglamentado desde febrero de 2017 para que empezara a resolver casos, en especial los de los líderes de las Farc, de manera que su situación jurídica estuviera definida a principios de 2018, tomaran posesión de sus curules en agosto y cumplieran el punto central de los Acuerdos de La Habana: cambiar el plomo por los discursos.

Al CD nunca le ha gustado la JEP, pese a que entre las 198 reformas a los Acuerdos exigidas por los partidarios del NO, se excluyó de su jurisdicción a ‘los terceros’ involucrados en el conflicto (ganaderos, industriales, compradores de tierras ‘de buena fe’) y se introdujo un artículo dedicado expresamente a blindar a Álvaro Uribe contra el Tribunal. “Los expresidentes de la República no serán juzgados por la JEP”, reza una de las modificaciones. Pero el CD no está satisfecho; ni lo estará hasta que logre introducir reformas estructurales en los Acuerdos y en los alcances de la JEP y, punto sustancial, hasta que ubique sus alfiles entre los magistrados que la integran. O hasta volver trizas los Acuerdos, una opción mortal para el país, y para el mismo CD, pero que excita al sector más radical del partido.

No voy a sacar conclusiones prematuras sobre la Administración Duque a partir de este suceso. Deseo, como cualquier ciudadano sensato, que acierte y le vaya bien. ¡Que los dioses irascibles y las piras de la guerra lo iluminen! Pero, para ser francos, no me hago muchas ilusiones sobre un cambio en el corazón de Álvaro Uribe (o lo que sea que tenga entre pecho y espalda) ni en la supuesta independencia de Duque.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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