El Ñeñegate, un 8000 al cubo

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El Ñeñegate, un 8000 al cubo

Marzo 11, 2020 - 11:55 p. m. Por: Julio César Londoño

Resumo, para los que recién llegan, los hitos principales del ‘Ñeñegate’, como empiezan a llamar este tsunami. Todo empezó la semana pasada, cuando se conocieron las transcripciones de unos audios grabados 14 días antes de la segunda vuelta presidencial de 2018, y que la Fiscalía engavetó durante 21 meses.

Los contenidos son suculentos. En sus conversaciones telefónicas, el Ñeñe, un ganadero muy rico y esposo de la exreina María Mónica Urbina, cuenta que en la primera vuelta le tumbaron más de cien millones de pesos a la campaña de Vargas Lleras y se los metieron a la campaña de Duque, y que en la segunda vuelta debían meterle más plata por debajo de la mesa. Su interlocutora dice que ya consiguió mil millones, y que “Iván y Uribe” le encomendaron la misión de ganar en la Guajira. Es decir, el torcido del retorcido. Un 8000 elevado al cubo.

De inmediato las redes sociales se llenaron de fotos del Ñeñe con Uribe, Duque y militares de alto rango. Uribe dijo que “eso no prueba nada”, que él se había tomado fotos con medio mundo. Duque dijo que él no le pedía pasado judicial al que le pedía una selfie, y ambos dijeron que, para las fechas de las fotos, el Ñeñe era una ganadero exitoso y respetable.

Hasta aquí, todo bien porque ahora el Ñeñe es un muerto sin voz, ni éxito ni nada; y su interlocutora, una voz anónima.

Pero ocurrió lo impensable, el muerto se levantó y los indicios del torcido se multiplicaron. La ‘interlocutora’ resultó ser María Claudia Daza, una asesora legislativa de Uribe que trabajó en las campañas de Duque en la Costa y resultó ser íntima amiga del Ñeñe y de la exreina. Hacía años que el Ñeñe había dejado de ser un ganadero respetable: tenía abierto un expediente por homicidio desde 2015. Las relaciones del Ñeñe con figuras de la política eran viejas e iba mucho más allá de unas fotos. Y las fotos eran muchas. El padre de Duque fue amigo del padre del Ñeñe. El Ñeñe fue invitado especial en zona VIP a la posesión de Duque, y viajó con el general Óscar Linares el 9 de marzo en un avión del Ejército de matrícula EJC 1136. En fin, demasiados indicios.

Es cierto que el audio clave está embolatado; por eso Uribe alberga una esperanza. “Hay que esperar el resultado del cotejo” (del audio con la transcripción). Pero fue tan evidente su malestar contra María Claudia Daza en la entrevista del lunes con Vicky Dávila (“… me duele mucho esto… ella debe renunciar”) que disipó cualquier duda sobre la identidad de la ‘interlocutora’ y su responsabilidad en las maniobras criminales de la campaña del 2018.

Visiblemente preocupado, repite su manido mantra: “Todo esto es una sucia maniobra para desprestigiarme (...) Nunca, desde mi campaña al concejo de Medellín en 1974, he comprado un solo voto”.

De manera muy conveniente, Uribe olvida las votaciones atípicas en zonas de influencia paramilitar durante las presidenciales de 2002, 2006 y 2010. Olvida el voto que le compraron a Yidis Medina para cambiar el articulito que le significó su reelección. Olvida su adolorido trino por el asesinato del Ñeñe en Brasil. Olvida las declaraciones de Aida Merlano, condenada por compra de votos para las casas Gerlein y Char, que apoyaron a Duque en el 2018. Repite que es capaz de meter las manos a la candela por Daza, Duque, Priscila Cabrales y por todos “mis leales amigos”, pero olvida que ya las tiene carbonizadas por las decenas de alfiles suyos que están tras las rejas o reptan, sinuosos y hediondos, por las alcantarillas del mundo.

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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