El estratega Juan Manuel

El estratega Juan Manuel

Septiembre 01, 2016 - 12:00 a.m. Por: Julio César Londoño

A nadie le simpatiza mucho el presidente Santos. Los que lo conocen dicen que, a su lado, Álvaro Uribe es un paisa “de lavar y planchar”. Pero hay que reconocer que sus estrategias, las de La Habana y las que está desplegando en la campaña del Sí, son magistrales. El primer acierto fue la selección del equipo: dos héroes nacionales, Mora y Naranjo, un filósofo impasible, Sergio Jaramillo, y De la Calle, quizá el único político colombiano de primera línea del que nadie tiene nada qué decir. Periódicamente, el presidente le inyectó sangre nueva al equipo: generales activos, industriales, víctimas, académicos, prelados, figuras de la Unidad Nacional.El segundo, negociar en medio del conflicto, fue un extraordinario seguro contra catástrofes. Así fue como el proceso resistió la muerte de Alfonso Cano y la masacre de los once soldados en el Cauca. Para calmar la platea, Santos reanudó de inmediato los bombardeos a las Farc pero el Gobierno no se levantó de la mesa.El tercero fue la promesa de someter los acuerdos a una refrendación popular. Aunque muchos la consideran una jugada innecesaria y riesgosa, el presidente tuvo que hacerla para conjurar siquiera parcialmente las feroces embestidas de la oposición. Creo que el tiempo le dará la razón. El plebiscito es el mejor blindaje de los acuerdos. Para septiembre de 2015, las negociaciones estaban estancadas en el espinoso tema de la Justicia Transicional. Entonces el asesor inglés Jonathan Powell le dijo al presidente: “Enciérrelos. Métalos a todos bajo llave y no los deje salir hasta que terminen la tarea”. El cónclave es una idea vieja pero funciona. Llega un momento en que los negociadores firman por cansancio. O para salir a respirar.“Sí pero todavía no”, le contestó el presidente, “esa caldera tiene mucha presión. Si la cierro, explota”. A mediados de noviembre la presión bajó. El 20 envió a su hermano Enrique Santos a La Habana y en los primeros días de enero empezó el cónclave.La campaña por el Sí también está orquestada con precisión matemática. Desde el anuncio del acuerdo el 24 de agosto, y hasta el 2 de octubre, hay una seguidilla de eventos mediáticos que parece programada para no dejar caer la tensión ni un solo instante: el jueves 25 el presidente entregó los acuerdos al Congreso y anunció la convocatoria para el plebiscito. El lunes la Cámara lo aprobó. A la medianoche empezó el cese al fuego bilateral y definitivo. El martes el CNE emitió la reglamentación de la campaña. Antes del 15 de septiembre las Farc realizarán la X Conferencia Guerrillera, la última como grupo armado.¿Por qué no estuvieron Santos ni ‘Timochenko’ en la ceremonia del 24 en La Habana? Porque ese es el plato fuerte del Sí y está reservado para el cierre de la campaña. El lunes 26 de septiembre, Santos y ‘Timochenko’ firmarán el acuerdo de paz en Bogotá en horario triple A, y ese mismo día se iniciarán los operativos para concentrar a los guerrilleros en las zonas de verificación.Una declaración de principios: votaré por el Sí a pesar de que no me trago a las Farc, por su barbarie, ni a Santos, un neoliberal culifruncido que arrastra un oscuro pasado: ¡Fue uribista! A Uribe no lo resisto por tres razones: por su abultado prontuario, por la peligrosa y estúpida polarización en que tiene sumido al país, y la tercera y más grave, porque me tiene militando, por pánico y por reacción, en las sinuosas filas del santismo. Esto es lo que nunca le perdonaré a ese connotado caballista.Sigue en Twitter @JulioCLondono

VER COMENTARIOS
Columnistas