El boom marimbero

El boom marimbero

Octubre 31, 2018 - 11:55 p.m. Por: Julio César Londoño

Uno de los avances notables del mundo en materia de derechos humanos es el reconocimiento a la libertad de las personas para matarse como les plazca, a punta de grasas, azúcar, harinas, alcohol, cigarrillo, barbitúricos, ansiolíticos o trabajo pesado.

La marihuana ha sido una de las sustancias beneficiadas por estos nuevos aires. La ‘bonanza marimbera’, la audaz línea de negocios que propuso en los 80 el joven Ernesto Samper, es hoy una realidad. Varios países han legalizado su cultivo y comercialización. Ya se consigue empacada con primor en las farmacias de Europa. Colombia cultiva la cripy en el ‘triángulo de oro’: Corinto-Miranda-Toribío. Alterada genéticamente, aceitosa, suave, casi legal y con alto contenido de tetrahidrocanabinol (THC), es la variedad más potente y apetecida del mundo. Ante ella, las marihuanas de California y Colorado son ‘caspas’ tóxicas. Quizá esta sea una de las razones para que los Estados Unidos insistan en que fumiguemos nuestros campos.

En Toribío hay una posada temática, la Guest House Museum, donde el viajero puede conocer recetas, semillas, aceites y ungüentos preparados a base de canabis, utilizarlos con fines medicinales o recreativos y visitar los cultivos de la región.

La noche del 9 de octubre miles de canadienses acamparon en las calles esperando la apertura de las tiendas autorizadas para la venta de marihuana con fines recreativos.

A principios de este año el gobierno colombiano expidió licencias a 21 empresas para cultivar canabis con fines medicinales. En algunos países, su precio está por encima de la coca. “En Colombia, un kilo de marihuana vale 80 dólares, el de coca 2000. En Brasil, estos precios suben a 1800  y 2500 respectivamente. En Chile, el kilo de marihuana vale 5000 y el de coca 3000”, le contó un investigador antinarcóticos a Semana.

Hay que considerar, además, que la producción de cocaína es costosa, mientras que la marihuana se consume en estado natural. Basta peluquear la flor para airear su centro, el moño, recinto sacro de THC, y ya.

En Medellín, los jóvenes de buena familia consumen y venden la ‘Premium’, una mezcla de marihuanas de Pakistán y Afganistán especiada con fragancia de mango. “Es vareta gourmet. Si no te importa consumir tomates rociados con venenos, vas a la central de abastos. Si los prefieres puros y orgánicos, vas a una tienda hípster. La Premium es una vareta hípster”, dice uno de estos príncipes paisas que cultivan la variedad oriental en sus techos y terrazas. Algunos, los más emprendedores, le sacan seis millones de pesos cada dos meses.

Mientras todo esto sucede, y como si los policías no tuvieran nada más que hacer, el gobierno emprende la ridícula cruzada de ponerlos a decomisarles el vareto a todos los marihuaneros del país, excepto a aquellos que porten una nota paterna que certifique que el muchacho es un vicioso irredento pero feliz, “más dichoso que Barba Jacob en Corinto”, para decirlo con el símil acuñado por un poeta caucano.

No voy a afirmar que la marihuana sea inofensiva ni proteínica, pero es un hecho que es mucho menos adictiva que el cigarrillo, mucho menos nociva que el alcohol, y una especie de cilantro si la ponemos al lado del bazuco o la morfina.

Como todo papá, quiero que mis hijos no consuman estimulantes de ningún tipo. Pero llegado el caso, no lo dudaría un segundo para prescribirles la canabis.

(Fuente: el columnista, que se fumó varias hectáreas de la cosa en su enmarañada juventud).

Sigue en Twitter @JulioCLondono

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