Entre mares

Entre mares

Febrero 09, 2018 - 11:35 p.m. Por: Julián Domínguez Rivera

Cuando se tiene ocasión de visitar la altillanura colombiana, que tradicionalmente se ha denominado los Llanos Orientales, la sensación para quienes hemos estado confinados entre las tres cordilleras de los Andes nacionales, es estar en presencia de un mar verde. Una llanura al infinito, donde no existe límite, parecida a lo que ocurre cuando uno se para frente a alguno de nuestros mares y mira la línea del horizonte.

Colombia ha sido esquiva con los proyectos de alto impacto, única forma de transformar al país, lo cual contrasta, por ejemplo, con los megapuertos asiáticos en la Cuenca del Pacífico. Y lo afirmo porque cuando se piensa que atravesar desde Buenaventura hasta Puerto Carreño, en el Vichada, equivale a un poco más de 1.000 kilómetros, distancia que son sólo 400 kilómetros más del trayecto entre Buenaventura y Puerto López, Meta, no debiera amilanar, máxime cuando está disponible la capacidad técnica para hacerlo.

Y es que, por ejemplo, transitar la carretera I-40, que recorre el Vichada hasta Puerto Carreño, es una verdadera carrera de obstáculos más propia del Rally de Dakar, todo un despropósito en un país que requiere desarrollar con urgencia vastas zonas con enorme potencial productivo, para generar nuevas fuentes de divisas, diferentes a los hidrocarburos, para fortalecer su crecimiento.

La transversal Pacífico-Orinoquia logrará la conexión con el principal puerto del país de ese inmenso potencial productivo, en carne bovina, frutales, palma, cacao, arroz, soya, maíz, entre otros productos, además de su biodiversidad, para que sea una auténtica despensa agrícola para el país y para el mundo. A la par, desarrollar el sector turismo como fuente de ingresos para pequeños y grandes empresarios.

Conectar la altillanura con el mundo, especialmente con la Cuenca del Pacífico, zona que en el pasado denominábamos el ‘futuro’ por sus enormes posibilidades, era una quimera, pero es sin duda una urgente necesidad del presente.

Esta vía, que será una opción de conectividad para 17 departamentos y tendrá impacto directo e indirecto en trece millones de habitantes, permitirá venderle al mundo esa inmensa riqueza. Qué decir de la posibilidad de atraer inversión y mejorar las condiciones de vida en unas regiones atrasadas por antonomasia, sin posibilidades precisamente por su aislamiento.

Esta vía debe ser un propósito no sólo de quienes vienen impulsando el proyecto, que son los departamentos que están dentro de su trazado, sino de todos los colombianos, entendiendo lo que implica la conectividad de los centros de producción del país y los mercados mundiales. Una conexión en doble vía, al permitir la introducción de materias primas para ser procesadas en la altillanura y reexportadas con valor agregado.

No cabe duda de que el Valle del Cauca fue otro a partir de su apertura al Pacífico, que conllevó una transformación industrial, gracias a la conectividad que se forjó a través de la vía Cali-Buenaventura, que es de escasamente 116 kilómetros. Es necesario aplicar a gran escala este modelo de desarrollo, que fue impulsado por la apertura del Canal de Panamá, en otros territorios con enorme potencial.

El Gobierno Nacional ha priorizado este proyecto, que esperamos empiece a tomar forma este año sin dilaciones, para lo cual se requiere continuar con el impulso que le vienen dando los sectores público y privado del Meta, Huila y Valle, con el liderazgo en este último de la FDI.

Es así como se podrán construir bases firmes para el desarrollo de vastas regiones azotadas por el conflicto, cuyo aislamiento sólo favorece a la ilegalidad y la delincuencia organizada.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
Columnistas