Reseña

Reseña

Junio 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jotamario Arbeláez

Mientras los escritores de porno-violencia hacen su agosto con los barones de la droga, la verdadera novela de la droga estaba por escribirse. Porque son cosas muy distintas la droga y el narcotráfico. Las drogas, como las llamamos en forma genérica, tienen un origen sagrado y un consumo ritual, sólo que a través del traficante y del jíbaro entraron a hacer parte del ‘soye’. Pero al festival del tetrahidrocannabinol, la silocibina y el clorhidrato, que significaban el júbilo de la aburrida comunidad nacional despenalizada llegó un intruso a parrandearse en todo: su majestad el basuco, que no tiene ningún antecedente esotérico y nada que ver con ningún bhrama, con ningún rito indígena y ni siquiera con ningún conocimiento por los abismos.Un amigo que es el rey de la pornografía artística llegó a visitarme una vez a casa y nos perdimos en el jardín donde me ofreció un pitazo del indeseable e interminable basuco, y por mi madre que creí que estaba abrazando al diablo en el cielo pidiéndole más, pero el verdadero susto fue cuando apareció mi señora energúmena, y nos sacó de casa a cacerolazos. Con señoras así no se puede. A pesar de la rabia de sentirme en el asfalto, tal vez por el santo temor de Dios o de la guandoca, o para no perderme del libro que estaba leyendo y terminar la columna de prensa que escribía, no me dirigí al Cartucho, sino que regresé con el rabo entre las piernas a continuar mis labores intelectuales. El que sí estaba por allí, presiento, era Alejandro Arciniegas Alzate, autor de ‘Fondoblanco’, la gran novela de la droga dura producida en cocinas de Colombia para pasmo del mundo entero. En ese libro brilla el lenguaje que yo esperaba, antecedido en la obra de mis amigos más osados en ‘Que viva la música’ de Caicedo, ‘Opio en las nubes’ de Chaparro, ‘Conciertos del desconcierto’ de Magil y en ‘Acelere’ de Esquivel. ‘Fondoblanco’ es la heroica novela de la droga. Y si es su inspiración el basuco, habrá que reivindicar a esta droga que terminó llamándose ‘susto’, y que a tantos millonarios llevó a la quiebra como a consumidores débiles al siquiátrico. Se dice que las drogas son venenos, pero por unas cuantas víctimas innegables, cuántos miles de adictos sanos no permanecen inmutables en el piso firme de sus paraísos artificiales. En medio de las obras clásicas acerca de la droga yo situaría ‘Fondoblanco’. Y exaltaría a su autor, quien, si es verdad que pasó por el infierno de la adicción a sustancia tan brava, supo alquimizar la experiencia transmutándola en el lenguaje e imaginación de que hace gala esta obra soberbia.Los originales le llegaron a Gustavo Mauricio García, editor de Icono, y los tuvo traspapelados por meses hasta que resultó una Convocatoria de Estímulo del Ministerio de Cultura a Editoriales Independientes. Buscó entre las obras ofrecidas para posible publicación y tuvo el olfato, ‘snif’, de encontrarse con ‘Fondoblanco’. Y el atrevimiento de concursar con ella. Y una obra que, en otras circunstancias, hubiera sido quemada o puesta en el Índice de libros prohibidos, resultó ganadora. Cómo cambian los tiempos desde que comenzó el nadaísmo: que sea consagrada desde el gobierno una obra que es una blasfemia en sí misma. Literatura de superación, si la hubiera, debería llamarse a este nuevo viaje al fin de la noche que nos presenta Alejando Arciniegas Alzate y que, además de los libreros, deberían venderla los jíbaros. No estoy seguro de que el libro sea rigurosamente autobiográfico y a lo mejor el escritor no se ha metido ni un cachito, y todo lo que expone es producto de su imaginación y de sus investigaciones de campo con busuqueros embalados. El caso es que ‘Fondoblanco’, nos resulta un verdadero tratado de filosofía alucinógena, de ética cannábica, de praxis lisérgica y de dialéctica colina.

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