Mis niñas poetas

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Mis niñas poetas

Abril 06, 2020 - 11:50 p. m. Por: Jotamario Arbeláez

En esta mi vida de poeta que he dejado avanzar porque no hay mejor casa en la vida que la poesía, así a veces se le caigan muros y tejas que vuelven a alzarse solos, y así algunas noches asusten y otras entren hadas por las ventanas, he tenido la sorpresa y el privilegio de descubrir o/e impulsar a tres niñas poetas que son mi orgullo. Ellas han sido María de las Estrellas, mi hijastra por esas épocas, de quien a los siete años logré hacer editar El mago en la mesa, libro que recogía su producción a partir de los 3, cuando comenzó a publicarlos en el suplemento de El Tiempo y en variadas revistas literarias. A los mismos 7 ganó el premio de literatura mágica en el Congreso Mundial de Brujería. Y fue invitada por Germán Arciniegas a tomar cursos de literatura en la Universidad de Los Andes mientras adelantaba su bachillerato por radio. En un lamentable accidente en la carretera hacia Tunja perdió la vida antes de alcanzar los 14.

Muchos años después, cuando ocupaba el cargo de Secretario de Cultura de Cundinamarca, llegó a mi oficina una niña de escasos 11 años con un librillo de poema debajo del brazo, notables para su edad. Se lo publiqué y la invité a hacer recitales por varios municipios. Viajó con sus padres a USA donde gracias a una entrevista en el programa de Don Francisco tomó tal auge que era invitada de honor en colegios y universidades para dar a conocer su producción. Hizo a la par sus estudios universitarios y actualmente vive en Copenhague donde dirige una galería de arte y organiza eventos de poesía internacionales y goza de inmenso prestigio. Con sus poemas actuales, ya nutridos con el conocimiento de la gran poesía del mundo, ha superado ampliamente su libro primerizo, que fue el que le abrió las compuertas.

En un acto cultural en el Museo Nacional se me acercó otra niña, esta vez de unos 14 o 15 años, Alejandra Lerma, con su cuadernillo debajo del brazo. Era de una ciudad del Valle y me pidió que le prologara su primer libro. Aunque me parecieron de una incipiente belleza prefiguré que podrían llegar a ser tan bellos como ella y me desbordé en elogios. Años después, como jurado del Premio de Poesía Jorge Isaacs, promovido por la Gobernación del Valle, encontré un libro con seudónimo que me fascinó lo mismo que a los demás jurados y le concedimos el premio. Resultó ser de ella. En la sesión solemne nos agradeció el veredicto y en un rapto de juvenil picaresca contó que su libro inicial no era tan bueno y que yo lo había elogiado por pura coquetería. Lo tomé como un rasgo de humor, pero me prometí ser menos desbordante en mis manifestaciones de aprecio, si no vinieren al caso, que se podrían confundir con galanterías.

Ahora me llega por el correo el libro de otra chiquilla de 15 años, Luciana Camacho Rodríguez, a quien no conozco personalmente, pero sí a su bella mamá, quien me hace llegar un extenso poemario, ‘Estaciones’, caracterizado por el uso excesivo pero preciso de la rima en casi cada uno de los versos de los cuartetos, y con un manejo sostenido del ritmo, lo que denota un muy buen oído musical, con lo que compensa la sordera de su oído derecho. Se supone que la actual poesía hace caso omiso de la rima y del conteo silábico, pero es notable que una persona tan joven los domine y los utilice, incluso de una manera irónica y juguetona, para alcanzar un mayor impacto en sus temas a menudo referidos a la ausencia, la soledad, el abandono, la depresión, la angustia, la ansiedad, que se ven contrarrestadas con la misma queja poética. Conocer y aplicar las reglas básicas de la composición literaria es algo necesario para después decidirse a romperlas. Se diría que las preguntas y dudas y hasta sutiles reclamos que se planea -¿la ausencia de un personaje amado?- son resueltas por la misma catarsis de su rotunda formulación. “Agradezco a la vida esta sana elección / de decirte adiós sin más consideración”. “¿Dónde está la fe que todo lo alcanza? / ¿Dónde la alegría de un mejor mañana?”. “Se acaban los días y toda esperanza”. “El todo y la nada y el mundo que pasa”. La joven acude a la poesía como tabla de salvación y como pizarra para dejar al mundo las percepciones acerca de su no muy justo rodaje. Me la juego por la sensibilidad de Luciana. Por lo que ahora nos expone y por lo que nos podrá deparar en el porvenir.

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