La poeta fotógrafa

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La poeta fotógrafa

Marzo 22, 2021 - 11:50 p. m. Por: Jotamario Arbeláez

Se usó la poesía para cantar las hazañas de los guerreros en los campos de Marte y también las batallas del amor en campos de plumas. Para dar loor a los dioses en los montes parnasos y por esas regiones agrestes por donde pasaron encarnados en simples mortales sacrificables. Para exaltar a esas diosas de carne y hueso que desataron epopeyas salvajes o hicieron que sus adoradores recrearan en la tierra el cielo, el infierno y el purgatorio. Se usó para pasarle la cuenta al tirano y al verdugo y al avasallador. Como para doblegar las defensas del ser amado y también para mandarlo a la porra cuando falló. Después del auge de la poesía amorosa los poemas del desamor se impusieron. Y así el amante falsario no se fue impune.

Cuando el poeta Blaise Cendrars recorría el Brasil, iba escribiendo poemas instantáneos acerca de lo que veía y bautizó el libro Kodak, que esta empresa mandó a recoger para que no se desacreditara la marca. Hoy esa arrogante empresa está prácticamente desaparecida y el nombre del poeta perdura.

La fotógrafa Janeth Gallego, nuestra fotógrafa si así podemos llamarla, porque es de Cali acogida por Barranquilla, hace lo mismo con sus paisajes interiores. Les va describiendo a Dios a los otros, lo que va viendo y viviendo desde la bañera a la luna loca en noche de celo con esas infinitas ganas de amar con que enfrenta al mundo, pues esas son las notas de su lenguaje.

Son la misma persona la poeta y la fotógrafa, que además es pintora y modelo de las tres que trasmiten la belleza de su ser a través de la belleza de su arte, sin detenerse en la molestia de la modestia. La cuatro son el poema que se hace a sí mismo. Y cada una habita su sol. Y como si fuera poco es también bailarina de las danzas del Pacífico y del Caribe. Y actriz en las tablas y en algunos metrajes cortos. Respirando en cada una de sus artes sensualidad.

La poeta les grita desde la azotea a los francotiradores: disparen más. Y la fotógrafa dispara y los deja fríos. Escribe como loca de atar o como cuerda de desamarrar. Se confiesa asesinada por el amor. Y hoy es una feliz poeta muerta. Pero de risa. Porque aprovechó para pegarle su dentellada por el camino al amante kodak a quien desde el despegue le cancela el regreso a buscar sus besos. Es el destino de los amores llevados por el viento del olvido.

Se considera la dama peluda, cuya pureza se escapó por la ventana en una noche atormentada. Rodeada de esos falsos profetas perdidos en el corto camino, que no todos los días ven cómo se sirven maletas al desayuno. En el poema Tejido añora irse a encantar con las sirenas mar adentro. Ello me hizo acordar el verso de Gioconda Belli, de que “las sirenas han recobrado sus dos piernas”.

Y las recuperan cuando escriben libros de poemas como La fotógrafa. Y al recuperar sus dos piernas recuperan además lo que hay entre ellas, y así su canto deja de enloquecer inútilmente a sus adoradores amarrados al mástil.

En los últimos tiempos en Colombia las mujeres poetas están apareciendo tan bellas como buenas poetas. Y desenfadadas y desafiantes y dueñas de sí mismas como de su destino y su estilo de caminar. Son la avanzada del reclamo sin necesidad de vociferar. Las que ponen la impronta de la estética reflexiva. Pasionarias de la paz a través del encantamiento del amor y de las modalidades de esas galas del espíritu que son las artes.

A veces es tan hembra la poeta fotógrafa que pone a arder la pasión en la chimenea, mientras prepara su próximo libro de poemas eróticos, Los ojos de Eros, que imagino a qué se refieren, donde deberá tirar la cama por la ventana con ella encima. Pues moviéndose por el mundo y aun sin moverse de su casa y de su cama se ha convertido en una cazadragones, disfrazada de masoquista para que se atrevan a proseguir. Escribo esta presentación desde lejos. No me imagino lo que me podría pasar si me acerco.

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