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Jovita de Pombo

Julio 19, 2021 - 11:50 p. m. 2021-07-19 Por: Jotamario Arbeláez

Entre los personajes joviales del Caliviejo que circulaban por allá por los años 50, 60 y 70, cómo no remembrar a Jovita Feijóo, a Pachito lo cagó la vaca, al negro Caravana, a Pacho Saco, a La Mirla, al hermafrodita Juanita Daza que tiene pan y torcaza, al General Batata, a Te capo, al loco Guerra, que con una mano estirada pedía limosna mientras con la otra repartía bendiciones inagotables, hasta el momento en que le entraba la furia y desgranaba su mazorca de insultos contra perros y gatos de la sociedad nacional y caleña.

Pero Jovita era la reina, la reina de reinas. Por donde pasaba despertaba el aplauso y las sonrisas del público callejero, concedía entrevistas de prensa con un natural gracejo, su mano siempre en alto saludando con guantes blancos. Había nacido en 1910 en Bolo Alizai, corregimiento de Palmira. Participó en un popular programa de radio desde la Plaza de Cayzedo, interpretando una canción. Si desafinaba se activaba el sonido de los perros. Ella desafinó repetidas veces pero aún así continuó sus arpegios, siendo aplaudida a rabiar y con lágrimas de ternura por el público que la consagró Reina de la Simpatía. Tiempo después los estudiantes de la Universidad del Valle la coronaron como Reina de los Estudiantes. Y así, se fue convirtiendo en personaje popular y reivindicatorio, quien se sentaba en actos oficiales al lado de alcaldes y personajes importantes, con elegante vestimenta a pesar de ser casi indigente. A ella, y a Guerra, el pintor Diego Pombo se especializó en inmortalizarlos mediante cuadros y monumentos icónicos, convirtiéndolos en sorprendentes objeto de devoción.

Según me cuenta el artista pombodernista, cuando tenía 13 años y estudiaba en el Politécnico que funcionaba en el antiguo Batallón Pichincha, conoció a Jovita, le dio la mano para ayudarle a pasar la calle y ella le estampó un beso que lo dejó marcado de por vida. Hace 13 años tuvo la idea de perpetuarla en un monumento público que titularía Jovita Reina Infinita, imitando las titulaciones rimadas de Tejadita.
Cuando presentó la idea ante las autoridades culturales para lograr su financiación, un funcionario pasado de listo comentó que tal idea sería hacer de Cali el hazmerreír de los turistas, por cuanto el personaje era loca, vieja, negra y fea. Término que expresado al día de hoy implicaría un linchamiento.

Pero la Alcaldía de entonces, a cargo de Sabas Ramiro Tafur, que había reemplazado a la joyita de Apolinar Salcedo, acogió el proyecto. Y gracias al interés y pujanza de la secretaria de Cultura que era Mariana Garcés -por lo que llegaría a ser Ministra-, logró culminarse y se instaló en el Parque de Santa Librada, que oficialmente se llamó Parque de los Estudiantes y que ahora la ciudadanía señala como el Parque de Jovita, cosa que no le gusta mucho a los muchachos.

En las primeras jornadas del paro el monumento fue parcialmente vandalizado. Ante ello, un grupo de médicos se ofreció para costear la reparación mediante una vaca, pero por un malentendido fueron escurriendo los escalpelos.

Los estudiantes del Santa Librada tenemos fama de brutitos, comenzando por mí, pero no tanto como para atentar contra la estatua de la Reina de los Estudiantes, Jovita, confundiéndola tal vez con la Reina Isabel de Castilla, la que financiara a Colón, como aprendimos cuando se enseñaba historia. En vista de que no llegaban recursos oficiales ni privados, algunos parches del parque se propusieron hacer las reparaciones con tan mala fortuna que lo que hicieron fue acabársela de tirar, al aplicar un negro que no era. Pombo no se rinde ahora, como no lo ha hecho nunca. Veinte milloncitos costaría rescatar y renovar la imagen, utilizando soldadura, fibra de vidrio, joyería, pintura y esténcil, con referencia de homenaje a los estudiantes caídos.

Creo que no sería mucho pedir este aporte salvador al señor Alcalde Jorge Iván Ospina, tan devoto del arte como de la caleñidad, tan pronto se superen las presentes trifulcas.

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