Bachilleres libradunos 60

Bachilleres libradunos 60

Julio 15, 2019 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

Cuándo íbamos a pensar que 60 años después estaríamos conmemorando nuestras primeras pilatunas, en mi caso las clavadas en Santa Rita, las rumbas con bailarinas en el Fantasio, el ingreso en el nadaísmo y el grado de bachiller en Santa Librada. Hoy, ya en el río no nada nadie, Fantasio cerró sus puertas y las bailarinas las piernas, el nadaísmo logró cambiar el mundo para peor, y el colegio del cual no merecí en su momento el diploma se está cayendo a pedazos.

Pero si la vida se le aferra a uno para no dejarse morir, hay que hacerle a las fiestas de la evocación y el compañerismo. El condiscípulo Alfredo Delgado se animó a convocarnos a los 60 que permanecemos de los 80 de ayer. Y 20, algunos con sus señoras, acudimos a la misa en la capilla del colegio. Tomaron la palabra algunos de los convocados, entre ellos Orlando Lenis, quien haciendo gala de su vena lírica recreó nuestros recorridos por el claustro amado y exaltó la labor y la tozudez de Delgado. Volví a esgrimir mi poema bandera Santa Librada College, por el cual 20 años después de la ceremonia me extendieron el cartón de bachiller honoris causa. No me presenté a los exámenes finales porque por entonces llegó el profeta Gonzalo Arango a predicar el evangelio sacrílego del nadaísmo y me fui tras él. Al final Alfredo Delgado Jr. interpretó al piano con maestría valses del español Enrique Granados. El mayor toque emocional fue la presencia del profesor sobreviviente de los de entonces, el de física, el señor Potes. Se veía lleno de exaltación y de vida. Los condiscípulos asistentes fueron, y los menciono a todos para conservarlos en la memoria: Alfredo Delgado, Adolfo Suárez, Hugo León Ocampo, Óscar Alvarado, César Patiño, Manuel Castro, Alberto Galindo, Gentil Rojas, Tulio Fernández, Gilberto Solís, Orlando Lenis, Heriberto Sánchez, Carlos Arturo Campo, Mario Muñoz, Jaime Herrera, Óscar Rengifo, Julio César y Mario Ledesma.

Se lamentó el reciente deceso de quien fue siempre el coordinador de las efemérides de nuestra promoción del 59, de Heladio Valencia, víctima de un cáncer y del tumbis que le propinó la Universidad de San Martín que lo sepultó en la ruina y en la consecuente dolencia. Se quedó esperando que el gobierno que asumió la liquidación del plantel chueco lo indemnizara. También nos dolimos de los severos males que aquejan a los queridos Iván Bueno en Nueva York, y a Ramiro Sandoval, Édgar Hidrobo y Humberto Spataro.

Hace 60 años estábamos en la flor de la adolescencia y el claustro se alzaba orgullosamente sobre sus cimientos y su fama del mejor colegio de Cali, oficial por encima de los privados. Pero por ser precisamente oficial, hoy se está desmoronando pues en las arcas municipales, departamentales y nacionales no encuentran recursos para salvarlo del inminente desplome. El claustro fundado por el General Santander en honor de Santa Liberata, la santa barbuda que por fidelidad a Cristo terminaría crucificada. También nosotros nos estamos preparando para los exámenes finales, a los que seguramente tampoco voy a asistir. Si la muerte me ha de conceder el cartón de la eternidad, que sea también honoris causa, como premio por el poema que le estoy escribiendo.

Demos gracias a la vida los que hemos escalado hasta este peldaño consagratorio. Al Santa Librada College, el claustro y el poema, le debo todas las gracias que me ha deparado la vida, que no han sido pocas. Iván Bueno dijo que había sido un golpe de suerte el haber perdido el bachillerato, pues por compensar ese aparente fracaso me moví con la poesía. Por ello he cambiado el párrafo final del poema, ese que terminaba: “Santa Librada / College / yo no te debo / nada”, por “Santa Librada / College / todo te lo debo”.

Pero eso sí, la recuperación de la estructura educativa santanderista le corresponde a las señoras entidades gubernamentales. Sería una vergüenza mundial e histórica, que a los doscientos años de su fundación dejaran que el colegio se hundiera como una pavorosa casa Usher.

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