Apocalipsis ‘now’

Apocalipsis ‘now’

Diciembre 10, 2018 - 11:50 p.m. Por: Jotamario Arbeláez

(El 22 de noviembre de 2006 publiqué esta columna en un periódico nacional. Pido licencia a El País para reeditarla, en vista del deceso del expresidente).

Como si se hubieran abierto las puertas del infierno, el país ha recibido la confirmación de algo que los suspicaces sospechaban desde hace mucho, pero no se atrevían a acepar porque el establecimiento se había encargado de no divulgarlo, o ni siquiera de averiguarlo.

Por una parte, lo del Palacio de Justicia, servido primero para que no resultara tan amargo el trago segundo. La Comisión de la Verdad dictamina que la toma fue financiada por Pablo Escobar con dos millones de dólares para impedir que se aprobara la extradición. Que el Ejército se excedió al decidirse a exterminar a la guerrilla asaltante al precio que fuera, o sea sacrificando a los magistrados y a los civiles en una operación de tierra arrasada. Que al magistrado Gaona, sentenciado por Pablo, lo ejecutó el M-19. Que otros tres magistrados fueron muertos con municiones que este grupo no usó. Que de la cafetería salieron personas vivas que después desaparecieron. Que el presidente no actuó como comandante en jefe de sus Fuerzas Armadas sino como un pávido espectador, por lo que se presentó un vacío de poder. Y aunque un testigo creíble afirma que él sí solicitó un alto al fuego que no le fue obedecido, se recuerda que al amainar la tormenta declaró que asumiría toda la responsabilidad que le recayera.

A renglón seguido, la Corte Suprema de Justicia, a través de llamadas a indagatoria, confirma lo que ya habían anticipado los mismísimos jefes ‘paras’: que el recinto del Parlamento es una cueva de para-lamentarios, impartiendo órdenes de captura. Ahí fue Troya. No es solamente que los senadores y representantes -y alcaldes y gobernadores- hayan sido elegidos con los votos presionados por los ‘paras’. Es que algunos son fundadores y sostenedores de esos grupos, y partícipes en matanzas. El más asustado anticipó a grito herido que, si él caía, caería Sansón con todos sus filisteos.

El juicio de la historia tarda a veces tanto como el de la Corte Suprema y demás entidades de control. Pero cuando llega, llega quemando. En ocasiones a esos mismos organismos.

Los para-lamentarios se justifican lamentosamente aduciendo que era cuestión de defensa propia frente a las amenazas y horrores de la guerrilla. Pero los crímenes aún más atroces del paramilitarismo y su auge soportado en el narcotráfico, la sustitución ilegal de la ley, y la expoliación, no le dan validez a la justificación aludida.

El dulce se va poner a mordiscos. Si así como a los traquetos menores se les ha ofrecido el perdón si acusan a sus mayores, ¿se verá venir que los ‘paras’ de menor peso, o los más asustados, se toman la oferta y comienzan la feria de varapalos?

Si para el gobierno el problema es una papa más que caliente, para los periodistas es una papa chorriada, a la que no dejarán de meterle muela. Hasta yo, que ya no peleo con nadie, no puedo abstenerme de meter baza.

Debo confesar que, en lo personal, la noticia del M-19, de ser cierta, me rompe un ala. Lo del Palacio de Justicia, aunque no alcanzaba a justificarse, se explicaba como un acto de guerra con el presunto plan de juzgar al presidente que, según ellos, había sido inconsecuente con el proceso de paz.

Pero es mayor mi sentimiento con el expresidente. Belisario Betancur -el colombiano de origen más humilde que más alto ha llegado-, ha sido un humanista de pies a cabeza, y no es justo que por un trance de debilidad en momentos apocalípticos -lo contrario de un alarde de autoritarismo totalitario- se le quiera sepultar bajo un histórico alud de barro. No soy su defensor de oficio, y tal vez sea mal vista mi actitud solidaria. Pero en un país de asesinos, hay que saber distinguir a quienes toda la vida se la han pasado trabajando por la superación del ser humano, a través de medios ahora también cuestionados, como serían la academia, las artes y la cultura.

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