Sobran y faltan

Sobran y faltan

Septiembre 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

En Colombia sobran muchos cargos: superministros y sus asesores, subsecretarios y sus secretarias, viceministros y sus adjuntos, consejeros y sus equipos de adláteres, ministros sin cartera, agentes especiales, interventores y una larga lista de burócratas provistos de costosa parafernalia. Casi todo este festín de gasto irriga la economía de la capital pero no la del resto del país. Y es lo que ha llevado a que la gente de la periferia se oponga a cada nuevo aumento de impuestos, pues se ven de inmediato en él más trasvases del bolsillo de los ciudadanos rumbo a la fronda burocrática de la capital. En nuestro país faltan bomberos bien equipados, maestros deseosos de capacitarse y servir, soldados que ejerzan soberanía en el territorio, agentes del orden en todas sus modalidades, muchos jueces y muchos juzgados, médicos activos en los pequeños pueblos, sembradores de desarrollo en las regiones más apartadas. La desigualdad es una de nuestras más preocupantes características; y lamentablemente sobresalimos en el mundo en ese alarmante rubro.A este país le están sobrando fundaciones de papel, corporaciones de garaje, instituciones casi fantasmas, simples armazones de evasión que se amparan en la alegada carencia de ánimo de lucro para situarse al margen de un régimen tributario que pesa demasiado sobre los hombros de empresarios y ciudadanos del común. Cifras del Ministerio de Hacienda señalan en 45.000 las fundaciones irreales que eluden o evaden impuestos por cerca de 10 billones de pesos anuales.Por otro lado, faltan instituciones de comprobado sentido comunitario que se encarguen de canalizar recursos hacia fines socialmente aceptados. No se trata de reemplazar al Estado sino de complementar su acción en áreas específicas. Los resultados hablan por sí solos. Es forzoso recordar instituciones como Vallenpaz, que acaba de ser exaltada por la comunidad del suroccidente del país. O la Fundación Carvajal, con su larga experiencia en apalancar a la gente hacia el desarrollo. Y varias por el estilo, que son de veras admirables. A este país le quedó sobrando la reelección presidencial. Muchos colombianos acompañamos al presidente Uribe cuando prohijó la reforma que condujo a su reelección en 2006. Pero pronto la gente se dio cuenta del gran tirón adictivo que tiene el poder; entonces vimos asombrados cómo se trató, en medio de un mar de irregularidades, de forzar una segunda reelección de Uribe Vélez. Y ni qué decir de la reelección de Santos Calderón: con franco sobresalto se presenció cómo se usaban todas las herramientas del poder para colocar en desventaja a los rivales del reelecto. Bien muerta y bien enterrada sea la tal repetición en el Palacio de Nariño.Y nos falta mucho realismo político. No podemos seguir creyendo que Colombia es un paraíso gobernado por arcángeles. Los resultados electorales de este 2014 llaman a reflexionar sobre la conformación de los cuerpos colegiados a base de cuantiosas irrigaciones precomiciales de fondos públicos, precisamente en aquellos lugares donde se requieren votaciones ampliamente favorables. Es el reino de la ‘mermelada’, que ha recibido reconocimientos públicos hasta del propio presidente de esta nación. Por ello, bienvenida la iniciativa del voto obligatorio. Es un revulsivo temporal que necesita el país, como en su momento se requirió del remedio del Frente Nacional.

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