Puntos sobre las íes

Puntos sobre las íes

Junio 27, 2011 - 12:00 a.m. Por: José Félix Escobar

El líder islandés de las demostraciones pacíficas viajó hace poco a España, para conocer de primera mano el desenvolvimiento de la creciente protesta de los jóvenes que se hacen llamar los ‘indignados’. Se considera a Islandia como la cuna de las manifestaciones de las gentes a quienes el progreso social europeo ha dejado por puertas. Pues bien, al líder islandés Torfason lo que más le impresionó fue “lo organizados” que están los que protestan contra todo lo organizado.En Colombia, por el contrario, son destacados elementos de la organización social y política los que dan a cada paso lamentables muestras de discordia y desorden. Por supuesto, todas las figuras públicas han entendido que en la democracia contemporánea la máxima palestra, el mejor tinglado, la tarima más excelsa, son los medios. La democracia del siglo XXI es mediática, o no es. Caso especial el del ministro Vargas Lleras. Nadie duda del amplio haz de cualidades intelectuales que le adornan, así como a nadie se escapa la reciedumbre de su personalidad. Pero el ministro Vargas tiene que dominar las continuas erupciones de su mal carácter, si de verdad quiere llegar a los más altos destinos. Peleando cada ocho días con una u otra figura, no se labra una imagen diferente a la de brillante camorrista. Primero fue la burda disputa de pareceres entre el vicepresidente Garzón y Vargas Lleras. No se necesita profesar admiración política o personal por Angelino Garzón para entender que su preeminencia institucional lo coloca por encima de cualquier otro funcionario, con excepción del Presidente de la República. En nuestro sistema constitucional el Vicepresidente es un alter ego del Presidente, su vocero y el encargado de misiones del más alto rango.Ningún ministro se puede poner a la par del Vicepresidente en el terreno de las declaraciones mediáticas, porque en el fondo está discutiendo con su jefe jerárquico, que es el presidente. Y ya se sabe qué sucede cuando brota la rebeldía de un ministro. Pero Vargas Lleras no se quedó ahí. Pocos días después se enzarzó en fiera disputa pública con el ex presidente Uribe Vélez, un viejo conocido en el terreno de la lucha libre verbal. El firme propósito de esta columna había sido el de no volver a referirse a Uribe Vélez, ese gran dilapidador de la prestancia republicana que siempre ha caracterizado a quienes en Colombia ocuparon la silla presidencial. El paso de Uribe por la primera magistratura debería ser, en estos momentos, objeto del análisis sereno de los historiadores, pero el fogoso líder antioqueño insiste en devaluarse casi al nivel de la crónica policial. Vargas Lleras, para sorpresa general, pisó la cáscara de un enfrentamiento imposible entre él, que está en la nómina oficial con funciones específicas y regladas, y Uribe Vélez. El ex presidente Álvaro Uribe entró en lo que los astrónomos llaman “rumbo de colisión”. Su choque con el actual gobierno es inevitable, a no ser que el presidente Juan Manuel Santos, en este y en los demás casos, se decida por fin a poner los puntos sobre las íes.

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