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La anomalía

Noviembre 15, 2020 - 11:50 p. m. Por: José Félix Escobar

Puede afirmarse que Donald J. Trump siempre estuvo en el lugar equivocado. Para dedicarse con éxito al servicio público, se requieren vocación, preparación y ponderación. Resulta que el presidente número 45 de los Estados Unidos no reunía estos atributos. Trump es un empresario con presencia bastante irregular en sectores como el inmobiliario y el desarrollo de hoteles.

Su comprobada megalomanía y su soberbia sin límites lo llevaron al mundo ilusorio de la televisión, medio en el cual logró altos niveles de audiencia. Pero de vocación de servicio a sus conciudadanos, nada. Dicen que Trump es un intuitivo que se prepara muy poco y que no lee prácticamente nada.

El arte de gobernar a los pueblos exige un acondicionamiento permanente y en estas materias el resultado de Donald Trump es francamente negativo.

Pero quizás la falla más protuberante de Donald Trump es su falta de ponderación. Quien tiene responsabilidades públicas debe cuidar de manera permanente lo que expresa, pues las consecuencias de un exabrupto pueden ser calamitosas. Trump descubrió en Twitter la manera fácil e inmediata de comunicar cualquier cosa, fuera cierta o falsa. La contabilidad de sus mentiras que un periódico norteamericano llevó con todo rigor, sobrepasó las 20.000.

Después de más de 240 años de vida independiente, los Estados Unidos de América son la democracia más respetable del mundo. Su historia, como la de todos los pueblos, está llena de sobresaltos, errores e imperfecciones, pero no se puede negar que la voluntad constante y permanente de los norteamericanos ha sido la de aferrarse a los principios que los ‘padres fundadores’ hicieron constar en la Constitución.

Por ello es imposible tolerar el vergonzoso espectáculo que Donald Trump está dando al mundo con su negativa casi irracional a aceptar los resultados de las elecciones del 3 de noviembre. Los Estados Unidos necesitan acomodar su sistema electoral a las realidades de los nuevos tiempos. Se requiere la institucionalización de una autoridad única nacional que decida sobre los temas electorales, pues 51 autoridades locales no actúan en el mundo de hoy con la celeridad que un resultado confiable exige.

Es notoriamente obsoleto el mecanismo de elección indirecta mediante la intervención de delegados a un colegio electoral. En general en el mundo la rapidez de las comunicaciones ha llevado a una crisis sistémica del principio de la representación. Si en cuestión de segundos pueden transmitirse datos veraces a todos los confines del mundo, carece de sentido conservar una antigualla de siglos pasados como el colegio electoral. La votación y sus resultados deben reflejar hoy cuanto antes la voluntad mayoritaria de los electores.

Estados Unidos ha sido gestor y maestro de democracia durante toda su ya larga historia. Entre otras cosas el papel de los Estados Unidos fue determinante en la independencia de nuestro país, como la historia lo puede comprobar. Por ello no vacilamos en calificar la presencia de Donald Trump en la presidencia de ese gran país como una penosa anomalía que ojalá se supere pronto.

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El único Premio Nobel que enorgullece a los colombianos es el otorgado a Gabriel García Márquez. La deplorable provocación de Juan Manuel Santos a su primo Francisco, confirma que el ánimo pacífico es extraño en la personalidad de quien recibió el nobel de paz en 2016.

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