Historias predecibles

Historias predecibles

Abril 22, 2018 - 11:50 p.m. Por: José Félix Escobar

La realidad es que muchas de las cosas que hoy suceden eran hace un tiempo fácilmente predecibles. El heredero Donald J. Trump se distinguió desde joven por su gran ambición y por el desenfado con el que se enfrenta a la verdad de los hechos. Este individuo caprichosos y de un ego inabarcable fue capaz de elevar el valor de su patrimonio para entrar al listado de los hombres más ricos del mundo. Cuando se lo propuso llegó a ser una estrella de televisión con un programa hecho a su medida. El partido Republicano aún no entiende cómo Trump llegó a ganarse el apoyo de muchos militantes y obtener la presidencia del país.

Era fácilmente predecible que Putin, un disciplinado, férreo y dogmático agente de la KGB, una vez desaparecida la Unión Soviética se dedicara a la política rusa con el indeclinable propósito de llegar a ser una especie de nuevo zar. Vladimir Putin ha ido eliminando poco a poco a sus rivales y enemigos para destacarse como un omnipotente líder. Cuando Ucrania rompió los nexos con Rusia, Putin ordenó la rápida invasión de la península de Crimea, para mantener la gran base naval de Sebastopol. Por qué extrañarse que ahora Putin apoye hasta el fin al dictador Al-Asad: lo que Putin persigue es mantener el control de Tartús, la gran base militar rusa en el mediterráneo.

Hace dos décadas, y después de escuchar sus primeros discursos, era fácilmente predecible que el coronel golpista Hugo Chávez Frías deseaba ser una reencarnación de Fidel Castro. El viejo líder cubano detectó de inmediato este deseo del presidente venezolano. Los cubanos cortejaron a Chávez; le organizaron un ejército granítico para que lo apoyara; armaron unas milicias políticas y civiles que fueran más elásticas a la hora de la represión; adoctrinaron a los cuadros superiores; y no por fidelidad revolucionaria sino por el generoso apoyo en petróleo que el chavismo viene dando desde hace años a Cuba. El modelo económico de la isla no funciona como tampoco funciona el de nuestra vecina Venezuela.

“Bienaventurados nuestros imitadores porque de ellos serán nuestros defectos”, frase que se atribuye a Jacinto Benavente.

Aunque ahora se empeñe en negarlo, la de Gustavo Petro ha sido la historia de una admiración constante por los logros (¿logros?) de la Revolución Bolivariana. Hace poco Jaime Castro, también exalcalde de Bogotá recordó declaraciones públicas de Petro en favor del naciente gobierno chavista. Ese entusiasmo se fue perdiendo con el paso del tiempo ante la evidencia de los despropósitos y locuras del chavismo, pero Petro demostró cuando fue alcalde distrital que el populismo es primo hermano del chavismo. A los populistas hay que cortarles el paso. El expresidente mexicano Vicente Fox salió de su retiro para hacer tal afirmación en presencia de la aspiración de López Obrador, otro desbordado populista, que pretende ser ahora presidente de su país.

Era predecible que un proceso de paz llevado a los empujones por el gobierno de Santos Calderón generara el grave incidente del congresista electo Jesús Santrich.

Es que todo fue hecho a los empellones, con el propósito inicial de apuntalar la candidatura del presidente Santos al Premio Nobel de Paz. Y después de obtenido éste, todo busca convencer a Europeos y Norteamericanos de que el proceso de paz es un éxito. A pesar de todo, hay que defender lo obtenido hasta ahora.


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