Graves imprevisiones

Graves imprevisiones

Diciembre 02, 2018 - 11:50 p.m. Por: José Félix Escobar

Muchas de las cosas que suceden, nacen de graves imprevisiones. El reciente y lamentable episodio de la frustrada final de la Copa Libertadores en Buenos Aires, es un ejemplo vivo y fresco de la conjunción de variadas imprevisiones. Solamente unos organizadores terriblemente ingenuos podían suponer que hacer transitar el bus del equipo Boca Juniors por en medio de una explanada llena de hinchas del equipo rival, no traería consecuencias. A esta candidez insalvable los españoles la denominan ‘buenismo’.

El fanatismo de las multitudes que siguen a los equipos de fútbol se ha convertido en un problema muy serio. En Argentina se conocen como ‘barras bravas’ a los grupos mafiosos que ejercen toda clase de violencia en los estadios y en sus alrededores. Fue, pues, una notoria imprevisión no haber aislado a los grupos más fanatizados de la hinchada de River Plate varias horas antes del malogrado partido. Muchos cronistas deportivos se habían encargado en Argentina de atizar la hoguera, llegando hasta la exageración de llamar a ese partido “la Final del Mundo”.

Como suele suceder, los que se dejan llevar por las pasiones del momento, terminan pagando un alto precio. Es muy probable que los hinchas argentinos se queden sin la sede del Mundial de Fútbol de 2030 a la que aspiraban junto con Uruguay y Paraguay. Tras los vergonzosos hechos que ocurrieron en el estadio del River Plate, tres países redoblaron sus esfuerzos por obtener la sede del Mundial del 2030: España, Portugal y Marruecos.

Las graves imprevisiones no solamente se presentan en el terreno deportivo. Todo el mundo sabe que Europa se siente desbordada por oleadas sucesivas de inmigrantes del África y del Medio Oriente. Varios países europeos pusieron el cartel “No cabe nadie más” y clausuraron sus accesos. Pero, el nuevo gobierno socialista español decidió, hace unos meses, abrir sus puertos del Mediterráneo y hoy la cantidad de inmigrantes se les volvió inmanejable. Los gestos del primer momento, revestidos de una entendible solidaridad, hoy son una pesadilla.

A México le está sucediendo lo mismo. Cuando a comienzos de octubre una oleada de inmigrantes centroamericanos pidió su ingreso a territorio mexicano desde Guatemala, las autoridades de México no hicieron nada para evitarlo. Durante varias semanas, la caravana atravesó el extenso territorio mexicano del más profundo Sur al más lejano Norte. Hoy se han aposentado los migrantes en la ciudad de Tijuana, al borde de la frontera con California, y ya las autoridades locales se han mostrado francamente hostiles a los recién llegados.

El expresidente Santos sumergió a Colombia en varias situaciones que nacieron de graves imprevisiones. Dentro de las conversaciones de paz con la antigua guerrilla de las Farc, alguien en el gobierno Santos se hizo el de la vista gorda para que crecieran y crecieran los cultivos de coca. Hoy, nuestro principal problema de orden internacional con los Estados Unidos es, precisamente, el área de cultivos ilegales que ya excede de doscientas mil hectáreas.

Si en agosto de 2015 la actitud del gobierno Santos contra la dictadura venezolana de Maduro hubiera sido diferente, Colombia no estaría enfrentando la caótica migración que proviene de Venezuela. En ese mes de agosto, el dictador cerró la frontera causando la severa crisis humanitaria que hoy experimentamos.

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