Covid, antes y después

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Covid, antes y después

Mayo 31, 2020 - 11:50 p. m. Por: José Félix Escobar

Ya las cosas están claras en cuanto al origen de la pandemia. La responsabilidad es compartida entre China, que ocultó durante semanas la aparición del brote, y la Organización Mundial de la Salud, vigilante que simplemente se quedó dormido. Pasó mucho tiempo entre el momento en que China notificó la existencia del Covid-19 y el día en que después de miles de muertos la inefable OMS reconoció la pandemia.

La sensatez indica que a un guardián se le pueden perdonar muchos errores menos el de ponerse a dormir en momentos en que su alarma era imprescindible. Esos valiosos días del mutismo de la OMS han representado muchas víctimas ante la rapidez del contagio y la falta de preparación oportuna de las distintas instituciones sanitarias. Por eso ha sido mal visto el anuncio de China sobre una gigantesca donación a la OMS. Muchos se preguntan si es una donación o un pago.

Con su tradicional falta de oportunidad, el presidente Trump acaba de romper todos los vínculos de su país con la OMS. Los europeos, mucho más calmados que el volcánico Trump, han aplicado el sano criterio de que a los bomberos no se los despide en medio del incendio. La unión europea y otras potencias anticiparon que después de la emergencia la OMS tendrá que rendir cuentas.

Otro grave error de la OMS fue el de aplicar recetas de talla única, iguales para el norte desarrollado y de clima templado que para los países del sur, cálidos y con una gran participación de la economía informal. Continúan los regaños y las admoniciones por la falta de acatamiento a las normas en estos países: ignoran quienes así proceden que no hay nada más indisciplinado que un estómago con hambre.

Por ejemplo en Suecia la cuarentena fue muy leve, casi imperceptible. En sitios como Illinois y Carolina del Norte, las personas ya salen con tranquilidad a los parques junto con sus hijos. España prácticamente reabrió la totalidad de sus actividades económicas, guardando desde luego el distanciamiento social y acatando las demás medidas sanitarias.

Ya la gente del común en su gran mayoría conoce la seriedad de la dolencia y es consciente de la necesidad de cuidarse, pero contrariando el espíritu democrático que privilegia el bienestar de las mayorías, en Colombia las autoridades resolvieron castigar a los más por la mala conducta de los menos. Resulta pertinente enfocarse en los díscolos no para reprimirlos sino para adelantar con ellos vastas campañas de educación.

Nuestro ministro de salud comenzó administrando la pandemia con ponderación y firmeza. Pero con el correr del tiempo se le desconfiguró el sentido común. Pretender ignorar los devastadores efectos económicos de las cuarentenas es un imperdonable atentado contra el país, tomado como un todo. Llegó el momento de llamar al orden a los extremistas de la prevención. Cualquiera que compare el número de desempleados en Abril con el de contagiados en el mismo mes, se dará cuanta del grave peligro que corre nuestra economía.

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A la alcaldesa de Bogotá y a su pareja finalmente no les pasó nada por violar de manera abierta las medidas de restricción. Pero el Distrito fue fulminante contra un grupo de auxiliares de enfermería que en horas de descanso subieron unos videos medio cómicos a las redes. Los echaron a todos. Quizás la alcaldesa ingreso a la cofradía colombiana de “usted no sabe quién soy yo”.

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