Alí Babá, tesorero

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Alí Babá, tesorero

Julio 22, 2013 - 12:00 a. m. Por: José Félix Escobar

Si alguna crisis nos afecta es la que vive España. No solo por los profundos lazos culturales que nos unen, sino, además, porque la Constitución española de 1978 sirvió de inspiración para nuestra Constitución de 1991. Las instituciones que nos rigen en buena medida fueron creadas con el ejemplo de la carta constitucional que se dio España tras el agotamiento del franquismo.Desde la figura del rey y sus funciones, pasando por el diseño autonómico y sus límites, hasta la mecánica interna de los partidos, prácticamente todo está siendo duramente cuestionado en España. Si a esa especie de “fatiga del material” que experimenta la Carta de 1978 se suma el huracán contestatario que fluye a través de las redes sociales, el panorama es ya francamente preocupante. España parece haber perdido la brújula, y no solo como consecuencia de la crisis financiera de 2007.El rey fue y ha sido un poder aglutinante. A pesar de sus devaneos y no obstante las tremendas metidas de pata de algunos de sus descendientes, Juan Carlos de Borbón tiene un puesto bien ganado en la historia de España. La que parece agotada y superada por los acontecimientos es la fórmula de la descentralización autonómica. Al centralismo de Madrid se oponen con ahínco los nacionalismos periféricos. En 1978 se creyó que dando amplios márgenes de autodeterminación a Euskadi y Cataluña se superaba ese problema.No ha sido así, porque a las comunidades fronterizas con otras naciones nunca les es suficiente la autonomía que se les da. Ejemplo que deberían tener en cuenta quienes entre nosotros piensan en conceder formas de autogobierno a zonas, como el Catatumbo, que colindan con un país vecino. De manera inteligente el PSOE propone ahora acoger en España el régimen federal, pues la delimitación de cargas y responsabilidades que ese sistema conlleva viene como anillo al dedo a países en los que algunos quieren estrenar himno y bandera, sin parar mientes en los costos de la aventura.Quizá la más grave de las crisis es la que corroe por dentro al Partido Popular, en el gobierno con Mariano Rajoy. Y no se trata de lanzar anatemas. Lo pecaminoso no es que un partido (o un sindicato o un gremio o una ONG) nivele el ingreso mensual de quien dedica su actividad al servicio público.Un profesional bien preparado tiene en el mercado de trabajo una remuneración determinable, y su colectividad o el grupo cuyos intereses legítimamente representa pueden contribuir a que el ingreso público más la subvención privada le permita sobrevivir. Por supuesto, siempre que ello no esté expresamente prohibido por las leyes. El funcionario verá en cada caso cuándo se declara impedido y allí juega su estructura moral.Lo que carece de explicación es el hecho de que las finanzas del Partido Popular fueron entregadas durante años a un bribón de siete suelas, manilargo irredento, que jamás distinguió entre lo legal y lo ilegal.* * * *Luis Guillermo Restrepo tiene razón: la administración Guerrero lleva 19 meses gobernando sin escándalos; esa es la razón del vigoroso repunte del alcalde en las encuestas.

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