Ajustes necesarios

Ajustes necesarios

Junio 16, 2019 - 11:50 p.m. Por: José Félix Escobar

Nadie imagina a un médico omitiendo la comprobación de los signos vitales del paciente; tampoco se puede esperar que los economistas prescindan en sus análisis de las variables fundamentales de su ciencia; todo arquitecto al diseñar toma en cuenta forzosamente las nociones de circulación, e iluminación en su manejo del espacio; entonces, se observa con asombro en la reciente y tan sonada decisión de la Corte Constitucional cómo las honorables magistradas que explicaron el fallo olvidaron que el sentido de la ponderación y la noción de causalidad conforman la estructura de la decisión judicial.

En la Constitución de 1991 se estableció como formulación básica y obligatoria que los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás. En consecuencia, ninguna decisión de las autoridades puede violar directa o indirectamente esta prevalencia fundamental tan claramente expuesta en nuestra Carta. Así como ‘no’ quiere decir ‘no’ y ‘siempre’ significa ‘siempre’, la redacción de la Carta no admite interpretación alguna en este punto.

Se sabe que los parques y espacios públicos son el escenario donde los niños descansan y se divierten. Como se dice en Derecho, se trata de un hecho notorio que no requiere de prueba ni admite interpretación alguna. Allí los niños son los reyes y es misión de la sociedad velar para que ello continúe así.

La inexplicable decisión de la Corte Constitucional que derogó los artículos del Código de Policía que permitían a las autoridades limpiar de traficantes y viciosos los parques del país, está demostrando que se requiere cortar el vuelo interpretativo a esa alta corte y recordarle que su misión es defender la Constitución de 1991, respetando las prevalencias y prioridades establecidas en la Carta.

Fue lamentable escuchar a las honorables magistradas distinguir entre vicio pasivo y las consecuencias del mismo. Por elemental aplicación del principio de causalidad la embriaguez se presenta después de la ingesta de licor y antes del escándalo y del bochorno. Si se quiere evitar lo último hay que prescindir de lo primero. Es decir, que el libre desarrollo de la personalidad de los viciosos se produzca en sus casas y áreas privadas.
En sus 105 años de existencia la Constitución de 1886 recibió cinco grandes reformas. Lo que indica que en promedio cada 21 años la Carta de 1886 fue objeto de profunda revisión.

Nuestra Constitución vigente, la de 1991, ha recibido en sus 28 años de vigencia más de 40 reformas, casi todas ellas puntuales, con la excepción del edificio normativo que fue adosado a la Carta por el gobierno del presidente Santos con motivo del proceso de paz.

Ya ha transcurrido el tiempo necesario para que se introduzcan a la Constitución de 1991 varios ajustes necesarios y bien pensados. Es imperioso reglamentar la acción de tutela, que con el paso del tiempo se ha convertido en una tercera instancia en los procesos donde solo caben dos. La proliferación de tutelas de todo tipo tiene saturados a los despachos judiciales impidiendo que la función jurisdiccional se desarrolle con prontitud.

Es igualmente necesario delimitar y precisar los alcances de la Jurisdicción Especial para la Paz, para evitar el penoso espectáculo que gira en torno al caso ‘Santrich’. Se requieren reformas bien estructuradas, por lo cual sobran los intentos de convocar una caótica Asamblea Constituyente.


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