Una pizca de dignidad

Una pizca de dignidad

Marzo 06, 2019 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

He sido duro crítico de la conducta perversa que tuvieron el presidente del Partido Liberal, César Gaviria, los parlamentarios elegidos en 2018 y los jefes regionales -los del Valle incluidos- que al momento de la elección presidencial abandonaron al excelente candidato Humberto de la Calle para irse sin reato de conciencia a las toldas de Álvaro Uribe y en apoyo de su mediocre candidato, Iván Duque.

Esa fue una acción atroz que la historia recogerá en sus páginas más oscuras, porque un partido que ha sido durante 170 años el máximo defensor de las libertades públicas, del libre examen, de la defensa de los humillados y los ofendidos, defensor a ultranza de los derechos humanos, no podía por simples cálculos electorales desechar unos principios que son de la esencia de la colectividad para ir a parar a los recintos de la extrema derecha.

Lo simpático de ese desafuero es que los autores de la hazaña quedaron sin el pan y sin el queso pues una vez elegido presidente, Duque les dio el trato que se merecen, el que se les da a los conversos, que siempre ocupan los puestos traseros porque como decía mi querido amigo Marino Renjifo hablando de la mujer adúltera, “perro que muerde al amo más pronto me muerde a mí”.

Como quedaron asomados como el perro de la Víctor, empezaron a dar palos de ciego y cada paso los acercaba al abismo. Si votaron a Duque, lo obvio era que reivindicaran el triunfo y se declararan gobiernistas. Al no recibir ni un puestico en el nuevo gobierno, proclamaron su independencia, y ahora han iniciado un proyecto de divorcio, que no es fácil de consumar, porque la ley señala unos tiempos.

Yo que dejé la membresía liberal por no poder pertenecer a un partido capaz de tamañas movidas chuecas, reconozco que el hecho de no haber aceptado la invitación del presidente a una cita sin sentido en la Casa de Nariño, a la que según Gaviria no se le cursó invitación formal ni la agenda del temario, la califico como una pizca de dignidad, de esa misma dignidad que ha debido tener el expresidente Gaviria, que ante los escasos 400 mil votos que le puso el partido a De la Calle, ha debido renunciar y convocar el congreso liberal para que escogiera nueva dirección. No lo hizo, y cualquier entendido en Colombia sabe el motivo: porque él es el dueño de los avales para quienes aspiren a ser gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles en octubre próximo.

En cuanto al presidente Duque, eso que hoy se llama Partido Liberal debe abstenerse de toda participación en el Gobierno. No tiene por qué facilitar el tránsito de los proyectos oficiales en el Congreso, si es que quiere convertirse en alternativa de poder en 2022. Si esa no es la meta sino la búsqueda de logros personales, entonces sí, váyanse de bruces a las sarmentosas manos de Uribe.

Un partido político no es una academia ni un club de señores ni un costurero de damas. Es un ente que tiene unas ideas para desarrollar desde el Poder, y cuando no lo ejerce, debe prepararse para conquistarlo a fin de que lo que piensa en cuanto al manejo del país se ponga en ejecución tanto en el Gobierno como en las cámaras legislativas.

Así funcionan los partidos donde hay democracia: un partido gobierna solo o en coalición, y otro u otros mueven el alma colectiva para convencerla de que sus propuestas son mejores que las que enseña el gobernante de turno. Así de sencillo funciona la democracia. Lo demás es paja.

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