UAO

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Marzo 20, 2019 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En gratísima celebración de cumpleaños de amigo común, encontré al doctor Hugo Lora Camacho, a quien no veía hace rato y a quien la escofina del tiempo no ha hecho mella ni en su contextura física ni en su lúcido cerebro.

Lora Camacho estuvo por 30 años en la presidencia de la Fundación para la Educación Superior (FES), y gracias a su eficiente gestión la convirtió en entidad reconocida como ejemplo, tanto en Colombia como en el extranjero, pues no solamente alcanzó fuerte consolidación financiera sino que también apoyó el desarrollo de la educación superior en Colombia, gracias a lo cual se benefició número importante de jóvenes, y obtuvieron recursos distintas universidades del país.

Entre los diversos temas que en esa amena tarde tocamos Hugo y yo, vino a colación la Universidad Autónoma de Occidente (UAO), pues tenía conocimiento de que mi interlocutor es presidente de su consejo superior.

Fue tal la impresión que me causó lo que Lora me contó sobre lo que ha sido y es la UAO, que le rogué me invitara a conocer la planta física, a lo que mi amigo aceptó y fue así como una entera mañana la dedicamos a recorrer esa verdadera maravilla, que muchos desconocen y que debe ser uno de los mayores orgullos de los vallecaucanos.

Un grupo de jóvenes estudiantes de la liquidada Universidad Tecnológica del Valle, al frente de los cuales estaban José Roosevelt Vélez y Colombia Molina, inició la Autónoma de Occidente en un local frente al Templo de San Francisco, en 1969.

Las deficientes condiciones del inmueble ocupado, y la precariedad de los laboratorios hizo que el Icfes negara la licencia de funcionamiento, pero poco a poco se sortearon los obstáculos y pudo seguir funcionando primero en la Escuela Marco Fidel Suárez y después en el edificio de los Hermanos Maristas en el barrio Champagnat.

Al legalizarse la operación, las matrículas crecieron y sus directivos pusieron todo el empeño en la calidad académica, la creación de nuevos programas, la apertura de la jornada diurna y la inscripción de la Universidad en la tecnología de punta. Para el control de la calidad académica se acudió a la autoevaluación, metodología que se aplicaría después en todo el país.

Para la construcción de la sede actual se creó el Fondo Prosede en 1979 con dos millones de pesos provenientes de donaciones, en 1989 adquirió el lote de 60 mil metros cuadrados en el Valle del Lili, y en la década siguiente ingresa a la onda de la globalización, al fortalecimiento de los programas de extensión y la apertura de nuevas carreras. En 1991 abre el Centro de Capacitación Técnica en Aguablanca, y el 2 de Julio de 1999 el Consejo Superior entrega las instalaciones del Valle del Lili, con costo final, que incluidos muebles y enseres sobrepasa los 25 mil millones de pesos.

Guiado por el comunicador Francisco José Escobar, recorrí todo el Campus, y quedé asombrado no solamente de la belleza paisajística, sino de la modernidad de los laboratorios para las diversas carreras, especializaciones, doctorados y maestrías. Acoge 6350 alumnos diurnos y 2200 nocturnos. Son 28.280 los egresados.

Detrás de toda este prodigio está el personaje que lo ha hecho posible: el rector Luis H. Pérez, quien siempre preserva un bajo perfil, ajeno a toda exposición mediática, pero que ya por derecho propio tiene puesto de preferencia entre los grandes cultores de la educación superior en Colombia.

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