Solo

Solo

Diciembre 05, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Iván Duque puede escoger una de estas canciones para expresar la terrible soledad en que se encuentra: ‘Solo’, interpretada por Juan Legido; ‘Más solo que nunca’, cantada por Ángel Vargas; y ‘Hola soledad’, de Rolando Laserie. Los tres temas musicales vienen como anillo al dedo para el emproblemado presidente, que va solo entre la gente y saludando como viejo amigo a la soledad. Muy triste.

He conocido a lo largo de mi vida tremendas oposiciones que se les han hecho a diferentes gobiernos, tanto liberales, conservadores, y a los de derecha, como los dos mandatos de Uribe, y observo que Duque ha quedado en el limbo pues no es ni de lo uno ni de lo otro y considera que derecha e izquierda son meras flechas de tránsito, como dijo el pensador italiano.

Los cuatro periodos que comandó el liberalismo (1930-1946) tuvieron que soportar la feroz oposición que les montaron Laureano Gómez y su Partido Conservador. Menos dura contra Enrique Olaya Herrera pero fortísima en los dos mandatos de Alfonso López Pumarejo, que en el último prácticamente lo tumbó del poder y por la misma línea al Partido Liberal.

La recia oposición contra López se debió a que con la inteligencia superior del líder liberal introdujo a Colombia en el Siglo XX pues la hegemonía conservadora la sumió en el XIX, y los obispos que eran los que escogían candidato y presidente, también dirigían a su antojo la educación que se impartía en Colombia.

Después vino la oposición, muy difícil, que hicimos los liberales al Gobierno de Laureano Gómez, y más vigorosa la que se hizo, ya en unión de un sector conservador, a Rojas Pinilla, que cayó víctima del paro general que organizó Alberto Lleras, y que culminó el 10 de mayo de 1957.

Avanzando el carrete, llegamos al gobierno de Juan Manuel Santos. A los dos meses de asumir el mando, Álvaro Uribe le declaró la guerra política y ahí no se ahorró ataque que no lanzara, ni falsedad que callara.
Como el alma del Gobierno Santos era buscar la paz con las Farc, Uribe se encargó de torpedear el proceso, y logró que el absurdo plebiscito convocado por Santos lo ganara el ‘No’, es decir Uribe, es decir el doctor ‘No’.

Pero Santos no estaba solo en el Congreso. Tenía varios partidos que lo apoyaban y que hacían mayoría para aprobar los proyectos oficiales. Contaba, además, con los grandes diarios del país, que si no todos eran gobiernistas, varios de ellos estaban jugados con el Presidente.
Y tenía a muchos colombianos que le acompañábamos en su conato de alcanzar la paz con las Farc, indomeñables por más de 50 años, que ni el estratega Uribe pudo derrotar.

Iván Duque está solo. Yo no había visto nunca que una administración de reciente inicio concitara en su contra a todas las fuerzas políticas del país, incluyendo a su propio partido, con el jefazo a la cabeza.

El Centro Democrático –cualquier cosa que eso sea– es el responsable del aval que le dio a Duque, y es el primero que se le salió del redil a hacerle oposición, y no hay disparo que más duela que el fuego amigo. Hasta Fernando Londoño se le viene encima todas las mañanas, y los uribistas purasangre lo tildan de tibio, y de no ser el guerrero que les gusta a los laderos del expresidente.

De manera, pues, que Iván Duque se halla solitario. Un hombre que en lo mejor de su vida se ve envuelto en este turbión político que no le augura un mandato tranquilo. Solamente se salva cortando el lazo que lo ata a los valentones.

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