Santa Marta y Avianca

Santa Marta y Avianca

Abril 18, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Los muchachos de mi generación teníamos poco conocimiento de Santa Marta, capital de Magdalena, uno de los 14 departamentos en que estaba dividido el país. Los mayores que llegaban a ella por la vía fluvial del Gran Río en esos románticos vapores que los llevaban de Honda a Barranquilla y luego en coche a Santa Marta, elogiaban el clima y su bello golfo. Los que conocían Italia decían desdeñosamente que era Facatativá en el Golfo de Nápoles.

Naturalmente, por la clase de historia que recibía en la escuela primaria, y por lo que escuchaba a los abuelos en las charlas hogareñas, sabía que en esa ciudad había fallecido Simón Bolívar a donde llegó de paso para Europa, huyendo del odio de sus enemigos que pretendieron asesinarlo en septiembre de 1828.

Sin embargo, tuvo que postergar su tránsito al viejo continente pues su salud empeoraba, al punto de que un hidalgo español le ofreció su hacienda de San Pedro Alejandrino para que el aire fresco de la Sierra Nevada aliviara los episodios de tos que le desgarraban los pulmones. Ni ese aire, ni los fármacos del médico francés Próspero Reverend pudieron mitigar el curso de la enfermedad, que lo condujo a la muerte el 17 de diciembre de 1830.

Fui a Santa Marta por primera vez hace 50 años, y después con los hijos chicos era nuestro destino predilecto pues el Irotama era un ‘resort’ espléndido, y por varios años íbamos con frecuencia. Como las familias crecen y se disgregan, ya no fueron tan seguidos los paseos a la ciudad fundada por Rodrigo de Bastidas. Pero en los últimos tiempos vamos en las vacaciones de los nietos.

No tiene las murallas ni los otros adornos de Cartagena pero la parte antigua de la ciudad está bien conservada, con excelentes restaurantes y gente acogedora. El desarrollo inmobiliario moderno es deslumbrante. Tiene clima sin humedad, que no produce tanto calor. Soy, de verdad, feliz en Santa Marta y me place ver allí tanto turista foráneo.

***

En la semana de receso de dos de mis nietas el año pasado, con pasajes de Avianca comprados con antelación, al llegar al aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, a las siete personas que integrábamos el grupo nos dijeron que el vuelo Bogotá – Santa Marta (hay escala obligada en la capital) estaba cancelado por la huelga de pilotos, que pretendieron quebrar la empresa que les daba sustento a ellos y a sus familias, y cuya ilegalidad fue declarada por el Tribunal Superior de Bogotá y confirmada por la Corte Suprema de Justicia; por lo que la perfidia del capitán Jaime Hernández y sus compañeros quedó en nada, salvo el perjuicio económico para Avianca y los graves inconvenientes que sufrimos los usuarios.

Solo a una mente confusa se le ocurre negar que ese es un servicio público esencial en el que por sendas disposiciones constitucionales (1936 y 1991) no cabe cese de actividades porque la ilegalidad es manifiesta.

Pero lo cierto es que hasta ahora Avianca no ha reintegrado la plata que pagó mi familia hace ocho meses, y siempre que reclamamos dicen que en 15 días sale el dinero. Parece que tienen una medida de tiempo particular. Hemos solicitado que expidan nuevos tiquetes a Santa Marta y no aceptan. Hemos pedido que abonen ese valor a pasajes al exterior, y tampoco. Siempre responden con un no sostenido mayor.

Ojo, señor Efromovich, que para usted el cliente también es esencial.

VER COMENTARIOS
Columnistas