Quo Vadis Aurelius

Quo Vadis Aurelius

Septiembre 26, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Resulta oportuno recordar que el Partido de la U fue invención maquiavélica de Juan Manuel Santos para lograr la reelección de Álvaro Uribe en 2006.

Como el presidente Uribe no tenía partido porque había llegado a la Casa de Nariño con un embeleco de cuyo nombre no quiero acordarme, el comedido Juan Manuel se puso en el conato de crear nueva colectividad, a la que le puso una vistosa ‘U’, que nada diferente de ‘Uribe’ significaba. Perfecto el lambetazo. El CNE le reconoció personería jurídica.

Luego encargó a uno de la cofradía uribista -ya imaginarán a quién-, que como cualquier ama de casa que ‘sonsaca’ la muchacha de servicio de la vecina, atrajera al nuevo ente político a los liberales que se habían quedado sin tetero pues el antioqueño no les daba ni el saludo.

Así fueron llegando don Roy, y doña Dilian, y don Benedetti, y tantos otros que habían recibido honores surtidos del partido que abandonaban para irse tras el flautista, como los roedores de Hamelin.
Si se toma el listado de las personas que militan en la U, el 90% son antiguos liberales que se entregaron al mejor postor, y ahí siguen.

La U avaló la doble elección de Juan Manuel Santos a la presidencia, en 2010 y en 2014. Quiere decir que el personaje más importante de esa secta es mi admirado expresidente.

Álvaro Uribe, que es un zorro político, vio que Santos se iba a alzar con ese partido, y resolvió crear otro, el Centro Democrático, y por eso Juan Manuel quedó de amo absoluto del logo ‘U’. Hasta ahí, todo bien.

Nadie ha recibido más palo como gobernante que Juan Manuel Santos, ni nadie ha ejercido una oposición tan tenaz contra un gobierno como la que Uribe le montó al nieto de Calibán, el inolvidable columnista de El Tiempo, con cuya ‘Danza de las horas’ aprendí a leer al lado de mi abuelo Benjamín.

Por eso resulta absurdo que ahora el partido de Juan Manuel Santos se declare ‘gobiernista’ para apoyar a un presidente elegido bajo la sombra tutelar de Uribe, que se la tuvo ‘velada’ a Santos, y que aún se la tiene adentro, como se le dice coloquialmente al ‘bullying’.

Y también resulta increíble que el gallardo Aurelio Iragorri Valencia, ‘patojo’ de pura cepa, a quien también lo matonearon duro en su gestión como ministro de Agricultura de Santos, soportando latigazos permanentes de José Félix Lafaurie, uno de los más enconados áulicos de Uribe, no haya tenido entereza suficiente para renunciar a la presidencia de la U, cuando 25 de sus 41 parlamentarios decidieron convertirse en ‘gobiernistas’.

A no ser que la ‘patraseada’ sea un mal de familia, pues su abuelo, el expresidente Guillermo León Valencia, en la trágica época de la violencia de mediados del Siglo XX, gritó en el Capitolio que para cerrar el Congreso tendría el Gobierno de su Partido Conservador que pasar sobre su cadáver.

El presidente Mariano Ospina clausuró por decreto -y con la tropa- las cámaras legislativas, y el mayorazgo de Belalcázar siguió impertérrito, como si nada. Años después, los liberales lo llevamos a la presidencia contra la voluntad de los jefes godos, que lo consideraban escoria.

Aquí entre nos, yo creía que Aurelio tendría cupo en el Panteón de los Próceres de Popayán, al lado de Mosquera y Caldas. Con esta perversa arrodillada, lo pongo en duda.

No le queda bien a la U la postura de ‘gobiernista’, tan miserable como la de ‘independiente’ que declararon mis antiguos copartidarios liberales.

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