Pronóstico: grave

Pronóstico: grave

Enero 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Como se lee en los partes médicos de los percances que sufren los diestros cuando son empitonados por los toros, me atrevo a expresar que juzgo muy grave el pronóstico sobre lo que le espera al mundo con el conflicto desatado por el odio de los fundamentalistas musulmanes contra el resto de la humanidad, pues de esa animadversión no escapa nadie.Y digo que el pronóstico es grave pues no existe medicamento para esa enfermedad, que si fuese asunto de la política, tendría salida, pero allí hay un componente religioso para el que no hay cura posible, precisamente porque no es de política de lo que se trata.Todo lo que tenga que ver con la política es solucionable. Un ejemplo criollo sirve para reforzar este aserto: cuando yo tenía 20 años, y por haber sido testigo presencial de la violencia oficial que desató el gobierno conservador de la época contra el Partido Liberal, con el propósito perverso de impedir que este recobrara el poder, conato en el que se cometieron todos los delitos definidos en el Código Penal vigente entonces, llegué a creer que la reconciliación de mi partido con el Conservador era poco menos que inalcanzable pues las relaciones entre ambos “rotas ya en el orden público deben estarlo igualmente en el orden privado”, como ordenó en histórica intervención en el Senado el jefe liberal Carlos Lleras Restrepo, discurso que puedo repetir de memoria.Pero resulta que en ese drama hubo un problema político que podía resolverse por medios políticos, y los dirigentes de ambas colectividades en pugna, Alberto Lleras y Laureano Gómez, se reunieron en una playa alicantina y lograron sentar las bases para un acuerdo de paz que luego el pueblo en plebiscito elevó a norma constitucional, y así Colombia dio por clausurada esa etapa atroz de su historia.Es casi increíble que Japón haya perdonado a Estados Unidos, que les lanzó sobre dos grandes ciudades, Hiroshima y Nagasaki, sendas bombas atómicas que le obligaron a tirar la toalla y firmar una humillante rendición incondicional. El vencedor se propuso reconstruir el imperio oriental y puso a su héroe militar, el general Douglas MacArthur al frente de esa empresa. Porque la guerra es la política por otros medios, dijo Clausewitz, y por eso llegó la reconciliación.Francia olvidó la ofensa que le infligió Alemania con sus tropas nazis desfilando bajo el Arco de Triunfo de Napoleón en París en agosto de 1940. Ese olvido parecía imposible pero había un trasfondo político y se pudo reiniciar la amistad, tanto que la canciller Angela Merkel fue la primera en desfilar en la marcha de protesta contra el crimen de la Yihad contra Charlie Hebdo. La política logró reunir en París a 50 líderes del mundo que se solidarizaron con el brutal asesinato de los directores de la satírica revista.Pero lo que no puede hacer la política es convencer a los extremistas musulmanes que las naciones que no comulgan con su credo fundamentalista puedan continuar existiendo. Mucho me temo que las masacres del 7 de enero en el semanario y en el mercado judío no serán las últimas y, ojalá me equivoque, habrá otras similares o peores. Sin descartar las retaliaciones como la que tomó Estados Unidos contra Al Qaeda luego del ataque a las Torres Gemelas y sus 3.000 muertos.Como no es asunto político sino religioso, ¿quién se sienta con quién a negociar el fin del conflicto? Averígüelo Vargas, pero el pronóstico es grave.

VER COMENTARIOS
Columnistas