Paz y perdón

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Paz y perdón

Julio 25, 2013 - 12:00 a. m. Por: Jorge Restrepo Potes

No es con las firmas de Juan Manuel Santos y Timochenko al finalizar las conversaciones en La Habana con las que alcanzaremos la anhelada paz. Ese será sólo el comienzo y de allí en adelante viene lo complicado que es convencer a la ciudadanía de que todos tenemos que desarmarnos, los guerrilleros dejando los fusiles y el resto sosegando los espíritus.Eso no es fácil pues hemos vistos a las Farc durante 49 años cometer toda clase de crímenes, en un catálogo que cubre el Código Penal. Pero como bien lo dice el Fiscal General, habrá que aplicar una justicia transicional que permita suspender las condenas o condicionarlas a la buena o mala conducta que observen los desmovilizados.Y habrá que prepararse para ver a varios de los “comandantes” actuar en el Congreso, si es que resultan elegidos cuando la ley les permita acceder a los cuerpos colegiados. Algo parecido a lo que sucedió con el M-19, que una vez incorporados sus miembros a la legalidad, pudieron llegar al Capitolio y a altos cargos del Estado.Se habla mucho de impunidad y Álvaro Uribe trina contra la posibilidad de que los integrantes de las Farc reciban suaves condenas o ninguna. Extraño eso en Uribe pues él propuso, y lo consiguió, que los jefes paramilitares depusieran las armas y se entregaran mediante lo que se llama Ley de Justicia y Paz. En ocho años sólo se han dictado catorce sentencias.Si tuviera cercanía con el furioso jefe del Centro Democrático, le preguntaría tímidamente si en el caso de que sus ideas triunfen el año próximo y llegara al poder uno de los suyos, tipo Pachito Santos, cómo haría para meter a la cárcel a diez mil guerrilleros, cuando en los sitios de reclusión hay un hacinamiento espantoso, que es en verdad un crimen de lesa humanidad pues los presos merecen trato digno, cualquiera sea el delito cometido.De dónde sacará el presidente uribista los fiscales y los jueces para juzgar a toda la guerrilla, sumados Farc y ELN, y otras yerbas del pantano nacional. Si hoy los administradores de justicia no dan abasto, imaginemos que les caigan diez mil denuncias en un solo día, y, desde luego, tendrán que investigar y juzgar todos los crímenes cometidos por esa gente en el último medio siglo.Dios ha de permitirme ver ese espectáculo: el uribismo sometiendo a todos los delincuentes del país, y sus funcionarios judiciales expidiendo mil sentencias diarias. Mi aritmética no me alcanza para calcular cuántos años tardaría Colombia para exclamar que ha logrado pronta y cumplida justicia.Lo mejor en un caso tan complejo como el de nuestra patria es disponernos a perdonar, como católicos que somos casi todos, o cristianos, que hay bastantes, y también los ateos. El asunto es perdonar e iniciar un proceso de reconciliación que permita a nuestros hijos y nietos vivir en un país mejor que el violento que nos correspondió a nosotros.Ahora bien. Si no estamos dispuestos perdonar pues dediquémonos todos a la guerra sécula seculórum, como dice en latín el Procurador en sus oraciones. Como yo he resuelto perdonar –y olvidar– todos los agravios recibidos, que tantas lágrimas costaron a mi familia, invito a mis lectores a un ejercicio similar. Si queremos la paz, tenemos que perdonar. Y no se perdona a los que nos han hecho el bien sino a los que nos causaron el mal.(Aquí entre nos, doctor Uribe, ¿qué deuda tenemos con usted los colombianos para que la cobre pretendiendo poner a Pachito de presidente?).

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