Ninón y Anita

Ninón y Anita

Enero 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

A mediados del Siglo XX no se veían en vivo y en directo, y menos en prensa y cine las piernas de las mujeres y tampoco las glándulas mamarias que según el humorista español Enrique Jardiel Poncela “el hombre se agarra de ellas al nacer y ya no quiere soltarlas hasta caerse de viejo”. No había revistas del estilo Playboy, y como no existía internet, nadie tenía acceso a escenas de sexo virtual. En la revista Esquire, de la que mi padre era suscriptor, el pintor peruano Alberto Vargas publicaba dibujos de muchachas preciosas en traje de baño de una sola pieza, que yo guardaba pues me parecían unas “viejas” espectaculares. Por ellas supe que las mujeres existían.El cine norteamericano resolvió que había que meterle piernas al asunto, y que no todo podía ser la mirada líquida de Greta Garbo, ni las cejas arqueadas de Marlene Dietrich, y filmó a Esther Williams en bañador y a Betty Grable en ‘shorts’ que permitían observar esas “dos eternas columnas que relucen de blancura”, como dijo nuestro máximo poeta erótico Miguel Rash-Isla en bello soneto.Fue el cine mexicano el que tuvo la osadía de filmar películas de rumberas que al ritmo del mambo dejaban ver piernas y entrepiernas que aceleraban la respiración de los muchachos, como los que asistíamos a las vespertinas en los teatros de Tuluá para admirar a María Antonieta Pons, Meche Barba, Rosa Carmina, Amalia Aguilar y Yolanda Montes, la bellísima Tongolele. Esta última quitaba el resuello con el movimiento de sus caderas y ese mechón blanco en el cabello negrísimo.Pero la non plus ultra fue Ninón Sevilla, a quien apodaron “el terremoto cubano” pues nació en isla antillana. Muy joven llegó al país azteca y allí se convirtió en ídolo no solo por lo que bailaba, sino por lo que mostraba en películas como ‘Pecadora’, ‘Perdida’, ‘Revancha’, todas con Agustín Lara quien, enamorado, se sentaba al piano de los lupanares para cantarle sus hermosos boleros.Acaba de fallecer Ninón Sevilla a los 85 años, de cualquier achaque de la vejez. Allá arriba, las arpas celestiales de los querubines rasgarán las notas compuestas por Dámaso Pérez Prado, para que la compatriota de Fidel rompa la monotonía de los sagrados recintos.Ahora puedo verla en DVD y me sitúo de nuevo en las duras butacas de los teatros Sarmiento y Boyacá de mi solar nativo y me invade la nostalgia de los tiempos idos y el recuerdo de los amigos que ya se fueron y que gozaron conmigo viendo a Ninón bailando el Mambo No. 5.También se marchó para la eternidad Anita Ekberg, la bella actriz sueca inmortalizada por Federico Fellini en La dolce vita. Tenía 83 a cuestas. Hace poco estuve en Roma y lo primero que hice fue ir a la Fontana de Trevi para recordar a la imponente escandinava con su elegante traje negro de fiesta pues era un fin de año, invitando a su compañero de reparto, Marcello Mastroianni, a ingresar al agua de la fuente para beber con ella la copa de champaña. También tiene pasaporte a la Gloria pues la merece porque Dios la hizo algo del otro mundo. Se lució pues le quedó mejor que Eva. Me refiero a Eva Longoria, para no meterme en líos con la jerarquía eclesiástica.Son tristes los fallecimientos de las mujeres que causaban sensación por su belleza en las pantallas de los cines. ***Llega a Cali Francotirador americano, la última joya de Clint Eastwood, quien cumple 85 y sigue con la misma vitalidad y dirigiendo películas como esta que recomiendo.

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