La conciencia

La conciencia

Septiembre 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

El domingo no va a dirimirse el conflicto personal que tienen el presidente Santos y el expresidente Uribe, desde que el primero decidió comprometer su Gobierno con la paz de Colombia. Ambos son pasajeros del tren de la historia en la que han dejado sus improntas, pero que a la vuelta de 22 meses apenas serán vagos recuerdos en la memoria de sus conciudadanos.Lo que va a dirimirse el 2 de octubre es otro conflicto: el armado interno que soporta Colombia desde hace 52 años con las Farc, una de las guerrillas más fuertes que ha habido en el mundo, y a la que el Estado no pudo doblegar con sus armas, a pesar de haber pasado en ese lapso diez presidentes, entre ellos uno muy frentero – Álvaro Uribe – que les montó un aparato militar de alta competencia, con medio millón de hombres y mujeres en Ejército, Armada, FAC y Policía, que en ocho años de combate no pudo lograr la rendición de ese grupo subversivo, que fue su propósito.Y digo que sigue siéndolo porque la feroz oposición de Uribe al plebiscito con el argumento de que el No que propone garantiza la paz mejor que el Sí, no pasa de ser una falacia. Y sueñan él y sus seguidores que al derrotar el Sí, las Fuerzas Armadas continuarán el combate de tantas décadas con las Farc, hasta lograr su rendición incondicional, como la de los nazis en la II Guerra Mundial, que derrotados y humillados terminaron sus líderes en las horcas de Nuremberg.Es posible que esa política de guerra total con victoria como la de los Aliados en Europa en 1945 sea bien vista por los que creen que las Farc, una vez cancelado el Acuerdo de La Habana con el triunfo del No, vuelvan a Colombia a hacer ‘picnic’ o a montar una sala de recepción como la del Caguán para que toda la aristocracia criolla salga en fotos con los comandantes.Mienten quienes dicen que si gana el No, la semana entrante Santos se vería forzado a renegociar el Acuerdo. No están ni tibios. En primer lugar porque según ha dicho Humberto de la Calle, con el triunfo del No todo lo acordado en Cuba se viene al piso, y las Farc reiniciarían su acción violenta en todo el país, no sólo en las zonas rurales sino en las áreas urbanas para demostrar que siguen vivas y coleando.Desde luego que Santos ordenaría a las tropas de aire, mar y tierra, y a la Policía hacerle frente al turbión de violencia que sobrevendría tras el plebiscito fallido. Pero lo que no hará el Presidente será retomar los diálogos en Cuba. Simplemente se dirigirá al país y anunciaría que la guerra continúa y que él estará al frente como comandante en jefe en lo que queda de su mandato.La renegociación que propone Uribe necesita un requisito fundamental: que el uribismo gane las elecciones en 2018 para volver a sentar a la mesa a Timochenko, a quien se le pondrá de entrada dos condiciones: que los comandantes vayan a la cárcel y que no puedan ser elegibles, por lo que la reunión durará media hora.Por eso es mejor votar Sí y no abstenerse porque el abstencionista no existe; no es; es el cero absoluto, pues los que votan, bien o mal, fijan una posición política. Los griegos, que inventaron la democracia, decían que se debe desconfiar de los buenos ciudadanos que no votan.Como la conciencia es lo que impide hacer algo que nos avergonzaría que se supiera, ojalá que los que voten No, no salgan el lunes a decir que votaron Sí, porque “la patria está por encima de los partidos”.

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