Gremios y política

Gremios y política

Septiembre 05, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Ocupaba el cargo de secretario de Justicia Departamental cuando me enteré de que la Sociedad de Agricultores y Ganaderos del Valle del Cauca -SAG- estaba en busca de director ejecutivo y que se le había ofrecido a Libardo Lozano.

Llamé a mi ilustre paisano y me confirmó la noticia, pero que no había aceptado porque esa era la “Orden del Bramadero”, reducto de la más exquisita godarria.

Como yo andaba en pos de salirme de la política -cosa que jamás logré- indagué cuál era la voz cantante de ese gremio y supe que era Jaime Lozano, también tulueño y amigo, a la sazón presidente de Asocaña.

Llamé a Jaime y me dijo que yo era el tipo preciso pues se trataba de escoger director liberal que le quitara el halo de caverna que tenía la SAG. Se comunicó con Eugenio Castro y lo invitó a un almuerzo para que yo hiciera mi presentación. Pasé la prueba y me nombraron, y fue experiencia enriquecedora pues conocí de primera mano los problemas del agro vallecaucano. Duré cuatro años y me retiré por voluntad propia.

En plena campaña presidencial, en la que aparecían de candidatos el liberal Alfonso López, el conservador Álvaro Gómez, y María Eugenia Rojas, de Anapo, entró a mi despacho un grupo de liberales tulueños con una carta en la que se le pedía a Carlos Lleras su reintegro a la política en apoyo del candidato rojo.

Sabedor del fastidio que López le producía al expresidente, esa misiva no tendría respuesta favorable. Sin embargo, me pidieron que firmara, y así lo hice. Ganó López sin Lleras. Gómez siempre unió a los liberales.

Ese mensaje tuvo amplia difusión. Cuando apareció en este diario, un directivo me manifestó que mi firma había causado inconformidad en la junta porque comprometía a la SAG. Argumenté que la había suscrito a título personal, pero el emisario dijo que no es posible distinguir la persona del cargo. De inmediato presenté renuncia, que no fue aceptada.

Ese episodio me sirvió para entender que los gremios no deben intervenir en política, ni sus directivos participar en las campañas, como se vio ahora a José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, y a Guillermo Botero, de Fenalco, en abierto proselitismo por Iván Duque. Con réditos: a Botero lo designó ministro de Defensa, a mi juicio un craso error.

Tampoco veo bien el comunicado publicado en los más importantes diarios en el que un millar de personas se solidariza con Álvaro Uribe en los problemas que ahora afronta, y se viene con una carga de caballería contra los magistrados de la Corte Suprema que citaron a Uribe a indagatoria, un simple trámite judicial, del que no se puede inferir conducta anómala de los juzgadores.

Estimo que le hacen flaco favor a Uribe porque esa no es la manera de ayudar a alguien en un proceso penal. Colaboren en la obtención de pruebas de descargo, aporten testimonios veraces, en fin, lo que se hace normalmente en estos asuntos. Pero atreverse a insinuar prevaricato o torcido proceder de quienes en su mano tienen el expediente, es poner en riesgo la institucionalidad del país y eso es ni más ni menos el intento de desconocer de antemano el fallo del alto tribunal. Subversión se llama la figura.

Y, por favor, que no se metan los gremios en política.

Fue horrenda la grosera petición del Consejo Gremial Nacional a Santos para que no dictara unos decretos, alegando que estaba de salida, con olvido irrespetuoso que el presidente ejercería el mando hasta el 7 de agosto.

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