Grandes electores

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Grandes electores

Noviembre 06, 2019 - 11:40 p. m. Por: Jorge Restrepo Potes

No voté a Jorge Iván Ospina. Lo hice con fe en Alejandro Éder a quien consideré -y sigo considerando- gran reserva vallecaucana para futuros desarrollos políticos de Colombia. Está joven, tiene garra, es incansable en la búsqueda de sus propósitos y tiene una visión social de la política que harto se echa de ver en los dirigentes comarcanos.

Curiosamente, la clase empresarial del Valle - casi toda uribista- se decantó por ‘El Chontico’ - vaya apodo para un alcalde de ciudad importante- y en su elogio se escribieron panegíricos hablando de sus excelencias como empresario de apuestas de suerte y azar, antes tan mal vistas por los mismos panegiristas. Magnates de altas esferas económicas proclamaban que don Roberto Ortiz es un empresario, par de Carlos Ardila o Luis Carlos Sarmiento. El pueblo les creyó en principio pero después reflexionó, y ahí está el resultado.

A Jorge Iván Ospina lo eligieron los autores del montaje mediático y judicial que le armaron para detenerlo. Yo no he conocido ninguno de los expedientes penales que, se dice, tiene abiertos en varias instancias judiciales. Pero -y en esto estuve de acuerdo con el arzobispo- no es de buen recibo, ni mucho menos juego limpio, que a un candidato que marca bien en las encuestas, un mes antes de las elecciones se le active una investigación criminal y se le llame a imputación de cargos quince días después de los comicios. El mensaje subliminal era algo así como “no voten por este tipo, que lo van a meter a la cárcel”.

Esa turbia jugada, más que la ridícula huelga de hambre, le abrió las urnas al candidato victimizado, porque la gente es menos torpe de lo que consideran los conductores de la opinión pública.

Cuando la Sala de Instrucción Penal de la Corte Suprema de Justicia llamó a indagatoria a Álvaro Uribe, en este mismo espacio imploré, rogué, puse a Dios de intermediario, para que al magistrado Julio César Reyes no se le ocurriera librar orden de captura contra el imputado. De haber ido a la cárcel, Uribe se hubiese convertido en mártir y sus seguidores, enfurecidos, habrían hecho presencia masiva en las urnas. De la que nos salvamos.

Al salir a la calle sin esposas, el ‘presidente eterno’ quedó en sus platas, viendo un chispero, tal como lo muestran los guarismos electorales, que analizaremos en próxima columna.

A Ospina lo hicieron víctima de tremendo matoneo, y el pueblo, por una reacción sentimental espontánea, suele estar siempre a favor de las víctimas, más cuando las sienten próximas. Jorge Iván ya fue alcalde y mucha gente considera que lo hizo bien. Seguramente cometió errores, como todos, pero tuvo aciertos de innegable eficiencia.

De paso, se me ocurre que la frase bandera de Ortiz en sus vallas: ‘Contra la corrupción’, se refería, obviamente, a administraciones de Cali, incluidas las de Maurice Armitage y Rodrigo Guerrero, a quienes el hoy candidato derrotado metió sin ningún miramiento en la cesta de los corruptos, cuando ambos son personas de reconocida honorabilidad, tanto en sus vidas públicas como en las privadas, y por las que puedo poner la mano en la candela. De ahí mi sorpresa cuando uno de los señalados por el dedo acusador de Ortiz, salió muy tieso y muy majo a apoyarlo. Qué desilusión.

Ganó Ospina. Ojalá le vaya bien. Estas elecciones acabaron con el mito de la invencibilidad de Álvaro Uribe. Y Sergio Fajardo se acomodó en la primera fila de los que aspiran a la presidencia en 2022.

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