Fernando del Paso

Fernando del Paso

Noviembre 28, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

México es desde tiempos coloniales país de grandes escritores, y creo que todos los amantes de la alta literatura han leído las magistrales obras de Carlos Fuentes, entre ellas La región más transparente, que formó parte del ‘boom’ latinoamericano en el que estaban Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, y luego los grandes de hoy como Elena Poniatowska y Jorge Volpi.

He leído varios libros de novelistas mexicanos y, naturalmente, los asombrosos ensayos filosóficos y políticos de Alfonso Reyes, pero considero que Fernando del Paso destaca sobre todos ellos pues dejó una lección del bien escribir sorprendente.

Hace años encontré en la Librería Nacional el libro Noticias del Imperio, lo compré, y de un tirón llegué a la última página pues Del Paso recrea los tres años que duró el ‘imperio’ de Maximiliano y su esposa Carlota, cuando los soberbios descendientes de los aztecas creyeron que la solución de todos sus problemas era importar un monarca europeo que impusiera el orden a la gleba.

Es casi imposible entender que hace 155 años un pueblo de tanto fervor nacionalista se haya dejado convencer de montar un reino, no de pacotilla sino con todas las de la ley, y se trajeron de Austria al par de jóvenes cónyuges, que desembarcaron en Veracruz y quedaron felices de que su patria austriaca tuviera un dominio tan importante en el Nuevo Mundo, que la pondría a competir con España, que era ama y señora de las tierras descubiertas por Cristóbal Colón.

Aquel sainete, con valses de Johann Strauss y corridos como música de fondo, tuvo al principio un desenvolvimiento cordial y las señoras mexicanas trataban de imitar el fasto que Carlota introdujo al bellísimo Palacio de Chapultepec.

Fernando del Paso toma la voz de Carlota, y haciendo gala de un perfecto conocimiento de la historia lleva al lector a un escenario realmente extraordinario. La rubia soberana quiso hacer de su marido un emperador ejemplar, bien distinto a sus parientes europeos, y se propuso aliviar las escaseces del pueblo, que no acababa de entender la deslumbrante corte, tan ajena a las tradiciones mexicanas.
Ese sueño duró tres años y el último fue un verdadero calvario para los jóvenes monarcas. Los mexicanos, con Benito Juárez a la cabeza, resolvieron que había que tumbar ese tinglado de la farsa, y enviaron a prisión a la pareja reinante. Carlota creyó que iba a sufrir la misma suerte de su parienta María Antonieta, enviada a la guillotina un siglo antes por los revolucionarios franceses.

Del Paso se mete en el alma de Carlota para describir, casi con el rigor que empleaba Shakespeare en sus dramas, los dolorosos momentos que vivió la depuesta emperatriz, invocando a todos los reyes europeos para que vinieran en auxilio de su marido, que había sido juzgado por tribunal popular y condenado a muerte, ejecución que se llevó a cabo en Querétaro en mayo de 1867.

Pocas veces en sucesos revolucionarios, en los que generalmente los vencedores llevan al cadalso a los vencidos, se ha registrado un mayor coraje como el de Maximiliano al enfrentar el pelotón de fusilamiento. Murió como un valiente, de frente a los fusileros, y gritó su amor por México.

Carlota regresó a la corte austriaca y murió a avanzada edad. Fernando del Paso, registró hasta su postrer suspiro la tragedia de ese fugaz imperio.

El laureado novelista falleció hace tres semanas.

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