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El padre Uribe

Enero 13, 2021 - 11:40 p. m. Por: Jorge Restrepo Potes

El clero católico ibérico fue columna fundamental para que Francisco Franco implantara en España una dictadura atroz que ejerció por 36 años, luego de su triunfo en la guerra civil. Los curas españoles apoyaron al generalísimo porque lo veían como muralla contra el comunismo, del que sindicaban a los ‘rojos’ republicanos.

El Vaticano vio en Adolfo Hitler un muro de contención del comunismo soviético, al punto de que Eugenio Pacelli, nuncio papal en Alemania, quedó embelesado con el canciller nazi, que aparecía como ultraenemigo de los bolcheviques. En el mismo año que estalló la II Guerra Mundial, Pacelli se sentó en la silla papal -Pío XII- y jamás abrió su boca para condenar el holocausto judío.

En nuestra esquina oceánica, el clero criollo hizo causa común con el régimen de derecha que pretendió eliminar al partido de oposición, culpándolo de ser agente de las ideas marxistas-leninistas. No hubo ni una sola voz de protesta de las sotanas. Al contrario, personajes con arreos episcopales apoyaron “la acción intrépida” desde los púlpitos.
Por eso, yo que viví aquellos terribles años de la violencia, guardé siempre recelo por los de traje talar, a quienes veía como cómplices de esa tragedia.

Con el correr de los años, empecé a observar cambios en la conducta de algunos sacerdotes. El franciscano Severo Velásquez desde el púlpito de La Porciúncula en Bogotá, fue líder del movimiento que derrocó a Rojas Pinilla. Y ahora hay purpurados como el arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve, quien cumple no sólo con sus deberes de pastor, sino que adelanta funciones de alto contenido social. La godarria local lo tiene entre ojos y ha hecho todo lo posible para sacarlo a empujones.

Francisco De Roux es un sacerdote digno de admiración por lo que hace a favor de la paz de Colombia. También lo tildan de comunista, y el uribismo no ve la hora de que termine el período de la Comisión de la Verdad, porque lo incomoda. De Roux es fiel discípulo de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, la misma del papa Francisco, quien con su liderazgo ha impreso a la Iglesia Católica el verdadero mensaje de Cristo, con un discurso cargado de amor por sus semejantes, tal como quedó plasmado en su encíclica Fratelli Tutti.

Pero el cura que llegó a lo más profundo de mis afectos fue Luis Javier Uribe, el franciscano que captó el mensaje del santo de Asís. No necesitó vestir ‘el tosco sayal’ que puso Rubén Darío en el ‘poverello’, pero su espíritu estuvo siempre al lado de los humildes.

Rector del Colegio Pío XII, en el que cursaron bachillerato mis tres hijos varones. Rector de la Universidad de San Buenaventura a la que encumbró como una de las más acreditadas del país. Pero como en Colombia la envidia se da silvestre, a Uribe le surgieron enemigos que hicieron todo lo posible por amargarle la vida con acusaciones infundadas que lesionaron su corazón generoso.

Soffy Arboleda lo incorporó a la Mesa Liberal del Club Colombia y fue muy grato tenerlo de contertulio pues siempre expresaba comentarios acertados sobre la actualidad nacional. Liberal, como pocos he conocido de ese talante, le dolía la postración en la que cayó el partido en los últimos años, pero nos alentaba diciendo que por sitios más oscuros ha transitado el viejo trapo rojo.

Me duele su partida, pero creo que ahora goza de la presencia de Dios, que le dará el reconocimiento de todo el bien que hizo aquí en la Tierra.

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