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El crimen de Trump

Julio 04, 2018 - 11:40 p. m. Por: Jorge Restrepo Potes

A mis amigos colombianos residentes en Estados Unidos, cuya doble nacionalidad les permite sufragar en las elecciones norteamericanas, varios de ellos electores de Donald Trump en 2016, me permito ofrecerles, a título gratuito, copias perfectas de los documentales en formato CD que guardo en mi cinemateca, en los que se puede apreciar cómo fue el proceso de la ascensión de Adolfo Hilter al poder por vía electoral, y después la conformación de las SS al mando del perverso Heinrich Himmler que fue el ejecutor principal del programa del Nacionalsocialismo para exterminar al pueblo judío, primero en suelo germano y después en todos los países ocupados por la fuerza de las armas.

En esas películas podrán ver los eufóricos admiradores del despreciable señor Turmp, que lo que ordenó hacer en la frontera con México es similar a los campos de concentración nazis, pues se ha llegado al extremo inimaginable de separar a los padres de sus hijos, aún recién nacidos, como sanción por pretender asilo en la patria de Washington, Lincoln, Jefferson y Hamilton.

Cuando el mandatario del país más poderoso del mundo -pronto perderá esa calidad- es capaz de direccionar a su tropa fronteriza para que, como castigo ejemplarizante, se separe a los niños de sus progenitores, es porque la mente presidencial está enferma. No sé admirado doctor Carlos Climent qué dictamen puede darle usted a esa conducta, pero yo, lego en asuntos psiquiátricos, estimo que el payaso de cabello dorado es un loco de atar.

A mí no me importa, frente a este crimen de lesa humanidad, que el inquilino de la Casa Blanca eleve como le venga en gana los aranceles a las importaciones de acero y aluminio, para bajar el déficit comercial, especialmente el que tiene con países asiáticos. A mí no me importa que grave con altas tasas la importación de vehículos producidos en la Unión Europea. A mí no me importa que le meta impuestos de aduana a China por una cantidad imposible de convertir en pesos colombianos.

Pero sí me importan, en mi simple condición de ciudadano del mundo, y de persona solidaria con el dolor ajeno, esas imágenes atroces que muestra la televisión de niños y niñas -ya son más de 2.500- llorando desconsoladamente día y noche porque los arrancaron a la fuerza de los brazos de su mamá o de su papá, o de ambos.

Lo que está haciendo el Gobierno republicano –de derecha, porque allá también crece esa yerba- es, como le dijo Talleyrand a Napoleón cuando éste ordenó ejecutar al duque de Enghien: “Más que un crimen, es una equivocación”. Porque actos como esos se pagan, no ante el augusto tribunal de la Eternidad, sino aquí, en este descompuesto lugar que se llama planeta Tierra.

Tiene que haber justicia digna en Estados Unidos. Tiene el Partido Republicano que liberarse de su agresiva extrema como el tal ‘Tea party’ y reflexionar sobre el mal que le está haciendo su Presidente no solamente al país sino a la humanidad. Tienen que envalentonarse los miembros del Partido Demócrata para que en las elecciones de noviembre próximo en las que se renovará un tercio del Senado y la totalidad de la Cámara, se recupere la mayoría liberal en ambas corporaciones.

Tiene que haber, inclusive, intervención divina, a través del papa Francisco, para que a esa atrocidad se le ponga fin, pues como dijo el filósofo francés, “cuando veo llorar a un niño pongo en duda la existencia de Dios”.

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