“Cuántas caras alegres...”

“Cuántas caras alegres...”

Julio 11, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Escenario: Calle 11 con Carrera 6ª, en Cali. Hora 12:00 m. Fecha: martes 22 de mayo de 2018. En estas circunstancias de modo, tiempo y lugar, cinco días antes de la primera vuelta topé con quien, los que algo sabemos de la política liberal, consideramos persona próxima al expresidente César Gaviria, hoy director del Partido.

Ese personaje es cordial amigo mío desde hace varios años y siempre lo he considerado un señor. Aproveché la ocasión para preguntarle cómo se veían desde la jefatura del Partido las elecciones del domingo siguiente. La respuesta me dejó atónito: la candidatura de De la Calle se ahogó porque el hombre no pegó. Pero ya está todo resuelto para los liberales pues el presidente Gaviria se reunió con Duque, y con la venia de Uribe acordaron que el partido adheriría a la candidatura uribista el 28 de mayo, 24 horas después de la derrota de De la Calle.

En medio de la consternación que esa confesión me produjo, atiné a preguntarle: ¿Y eso fue informado a De la Calle? No es necesario -dijo el otro- porque la mayoría parlamentaria está con Gaviria y acoge el convenio con el Centro Democrático.

Así sucedió, por lo que a mí no me tomó por sorpresa la vergonzosa entrega que hicieron Gaviria y sus congresistas de bolsillo al servir en bandeja la cabeza del liberalismo a quien ha sido por 16 años su más obstinado adversario: igual a como se le llevó a Salomé la testa del Bautista.

Aquí no cabe explicación diferente a que lo que hubo fue un torticero negocio burocrático porque no es posible concertar alianza política con quien está en las antípodas de una ideología. Basta con pensar en el tema de la paz con las Farc que ha sido uno de los programas esenciales del partido en los últimos años, tema al que se han opuesto con furia los patrocinadores de Duque. A esa entrega siniestra respondió el uribismo poniendo palos en la rueda de los acuerdos en paz, y Gaviria con sus laderos callaron como ostras. Se limitaron a decir: acatamos lo que digan el Congreso y las cortes. Qué horror.

Alfonso López Pumarejo solía exclamar en las tribunas de las plazas públicas ante el júbilo de los liberales que enardecían sus tres vivos aquilinos al Partido Liberal, que en la colectividad estaba el futuro del país, tal como lo demostró con su reforma a la retrógrada Constitución del 86. En esas mismas tribunas lanzaba su célebre frase: “¡Cuántas caras alegres, cuántas caras liberales!”.

Ahora, en una fotografía tomada en la residencia de César Gaviria al momento de protocolizarse la sumisión liberal a Iván Duque, aparecen 7 senadores y 15 representantes, no todos los que fueron elegidos el 11 de marzo, dichosos y sonrientes, y allí fulge uno de los que acompañé con mi voto.

Todos los que allí posaron se sienten beneficiarios del próximo gobierno de Uribe/Duque, que tanta animosidad mostró el primero por nuestro partido durante sus años en el poder. Esa fotografía la conservaré para futura memoria de la indignidad junto a la gráfica que tengo de Gustavo Rojas Pinilla en 1950, con León María Lozano ‘El Cóndor’, Gustavo Salazar García y Lola de Díez en Tuluá, a la que tanto daño causaron. Al lado de estas, guardo la de un ilustre industrial vallecaucano participando en el incendio de la casa del jefe liberal Carlos Lleras Restrepo, el 6 de septiembre de 1952.

Sí, “cuántas caras alegres”, pero esas no son caras liberales sino los sombríos rostros de la felonía.

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