Bien ido

Bien ido

Septiembre 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En los Anales del Congreso y en las páginas de la historia de Colombia quedó registrada para eterna memoria la ignominia que le causó a la República el Senado al elegir - y luego reelegir – a Alejandro Ordóñez como Procurador General de la Nación.La Constitución no autoriza la reelección del procurador, pero aceptemos que ese fue pecado venial. Lo que sí prohíbe en su Artículo 126 es el juego turbio del “yo te elijo, tú me elijes”, que fue lo que hizo Ordóñez cuando próximo a terminar su período, logró que la Corte Suprema de Justicia lo incluyera en la terna que se presentó al Senado. A la alta corporación llegó la terna, con una tremenda sombra: que tres de los magistrados que lo ternaron tenían parientes en cargos subalternos del procurador, lo que viola la citada norma. Es cierto que esos tres togados (Ruth Marina Díaz, Javier Zapata y Olga Lucía Cadavid) se declararon impedidos, pero la Corte rechazó los impedimentos en otra jugada artera, y el Senado, no obstante conocer el comportamiento sesgado del funcionario, lo reeligió.En enero de 2013, un grupo de ciudadanos encabezado por el constitucionalista Ricardo Uprimny, demandó ante el Consejo de Estado la reelección de Ordóñez por estar incurso en la prohibición de la Carta. Y ahí empezaron a aflorar las leguleyadas del agrio santandereano, que recusaba magistrados, cambiaba de apoderado, proponía recursos, consiguió que de la sala competente pasara el negocio a sala plena donde tenía mejores probabilidades de taponar su salida, en fin, los del carrusel de la contratación en Bogotá son unos aprendices al lado de este campeón del entorpecimiento a la justicia.Tanto de la primera como de la segunda elección de Ordóñez, es responsable no sólo la Corte que lo ternó sino también el Senado que lo eligió con los votos infamantes de varios copartidarios míos y, quién lo creyera, del mismísimo Gustavo Petro, al que después destituyó y lo sacó de la arena política por muchos años. Es increíble que la alta corte y la alta cámara no hubiesen repasado la hoja de vida del aspirante para constatar que se trataba de un fundamentalista fanático que resolvió anteponer sus principios religiosos a sus obligaciones como agente supremo del Ministerio Público.Estudiante en Bucaramanga, participó en una quema de libros ‘herejes’ extraídos de la biblioteca pública de esa ciudad, entre ellos los de Gabriel García Márquez quien para Ordóñez lo mismo que para María Fernanda Cabal es un enviado del demonio. A sabiendas, como dicen los penalistas, fue votado y elegido, y en los casi ocho años que permaneció en el puesto se convirtió en el más encarnizado enemigo de las minorías, oponiéndose con furia a los matrimonios homosexuales, al aborto en los casos autorizados por la Corte Constitucional, y en general a todas las conquistas alcanzadas para la vida civilizada de Colombia.Cuando se entera de la sentencia del Consejo de Estado tuvo la mezquindad de decir frente a sus áulicos de la Procuraduría que su “expulsión” era el cumplimiento del primer pacto del Gobierno con las Farc. Esa barbaridad no afecta al presidente Santos. Pero los magistrados que decretaron la nulidad de la elección quedaron acusados de prevaricato por alguien que en el pasado tuvo asiento en esa corporación. Deben formular la correspondiente denuncia.Bien ido este redivivo Tomás de Torquemada, prominente figura del Santo Oficio en tiempos de la Inquisición.

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