¿Se vale matar a un dictador?

¿Se vale matar a un dictador?

Septiembre 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

“No tengo Twitter. No tengo Facebook. No contesto el teléfono. No abro la puerta”. Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel de Literatura (2010), me habla sin prisa y sin esconder nada, junto a la biblioteca de su apartamento en la capital española. “Tengo una mujer maravillosa que hace todas esas cosas y me facilita el que yo pueda dedicarme fundamentalmente a lo que a mí me gusta, que es leer y escribir”.Tampoco usa Google. En cambio, una docena de diccionarios descansan en el escritorio donde ha escrito sus últimas tres novelas. “La modernización para mí es una pesadilla”, me asegura muy a tono con las críticas que hizo en su libro ‘La civilización del espectáculo’. “El 80 o 90% de (los tuits) son adefesios, tonterías, cosas de ociosos. ¿Se puede decir ‘tuitear’, ‘bloguear’ y ‘facebukear’?, le pregunté. “Suena horrible y yo no lo digo. Me parecen malas palabras, obscenas, vulgares, feas, suenan todas como prestadas de otras lenguas”. Vargas Llosa, de 78 años y más de 20 novelas, no se quiere convertir en estatua. “El premio Nobel lo convierte a uno en una especie de figura pública”, me explica, enumerando los reconocimientos, cocteles, doctorados honoris causa, comités y entrevistas que tiene que rechazar para seguir escribiendo. “No me quejo de haber recibido el Nobel -estoy muy contento- pero yo tengo que dedicar mucho más tiempo a defender mi tiempo”. Yo era una de esas presiones mediáticas ‘invasoras’ que le quitan tiempo para escribir. Pero me aguanté la pena y le hice preguntas por una hora. Había viajado a Madrid para entrevistarlo sobre la adaptación para televisión de su novela ‘La fiesta del Chivo’, que se centra en la brutalidad y desaforado apetito sexual con que el dictador Rafael Leónidas Trujillo gobernó República Dominicana de 1930 a 1961. Trujillo murió asesinado en un auto. Entonces, le pregunto a Vargas Llosa: ¿Se vale matar al dictador? “Yo creo que sí; a un dictador como Trujillo, sin duda”, me responde. “El tiranicidio es algo perfectamente legítimo. Los asesinos de Trujillo no fueron verdaderamente asesinos, sino ajusticiadores”. ¿Y Cuba? le pregunto. ¿Para usted Raúl y Fidel Castro son dictadores? “Absolutamente”, me dice. “Yo creo que ahí se han cerrado todos los espacios”. Sigo: “Si usted justifica la muerte de Trujillo ¿se vale tratar de matar a los Castro?”. Vargas Llosa se detiene. “Mire, creo que en cada caso hay que estudiar el contexto”, me dice. “Yo no puedo fijar la estrategia que corresponde en el caso de Cuba porque no estoy ahí, porque yo no vivo adentro”. Pasamos a Venezuela y al líder del régimen postchavista. “Maduro es un dictador”, declara sin ambivalencias. “Utiliza cada vez más la represión para combatir a la oposición. Ha ido cerrando los espacios de crítica”. Luego me da una lista: “Venezuela tiene la inflación más alta del mundo. El país se ha convertido en el más violento. La corrupción, en lugar de reducir con la revolución, ha aumentado las diferencias sociales. La televisión está controlada por el gobierno a través de testaferros . Es un fracaso total”. Sin embargo, me aclara, “conozco a muchos de los dirigentes de la oposición y a ninguno le he oído que hay que matar a Maduro; ellos piensan -y creo que con razón- que todavía se puede resistir dentro de la legalidad a una dictadura”. Quien tanto habla de presidentes alguna vez intentó serlo en Perú. Pero no fue un buen candidato, reconoce. “Si le digo la verdad, yo no quise ser presidente. Yo fui empujado por las circunstancias a obtener un papel político, algo que nunca había soñado ni querido”. Se me acababa el tiempo y todavía me quedaban curiosidades literarias más concretas como, por ejemplo, ¿qué está leyendo? ¿Qué le sorprende? “Mire, yo leo más a los muertos que a los vivos. Leo más sobre seguro que antes y hago cosas que no hacía nunca antes: si un libro no es capaz de atrapar mi atención, lo dejo y no lo leo”. Cometí el error de preguntarle sobre el escritor japonés Haruki Murakami, que es un éxito de ventas en el planeta. Pero Vargas Llosa me interrumpió. “Murakami no me gusta. Me parece frívolo. Creo que es profundamente superficial”. ¿Y a quién lee de los vivos? “En España hay un escritor espléndido que se llama Javier Cercas. Para mí es uno de los grandes escritores contemporáneos. Desgraciadamente no tan reconocido como debía serlo”. Y luego me dio otro nombre. “En Perú se ha publicado hace poco una novela muy ambiciosa, un poco contracorriente, de Jeremías Gamboa, Contarlo Todo”. Y como el ‘efecto Oprah’, estoy seguro que estos dos escritores venderán desde hoy muchos más libros, gracias a que Vargas Llosa los lee y los nombró. Y cerré con esto. ¿Por qué escribe? “Porque -eso que decía Flaubert- escribir es una manera de vivir. Toda mi vida está organizada en función de lo que estoy escribiendo y de lo que voy a escribir. No concebiría una vida distinta”.

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