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En México matan mujeres y no pasa nada

Marzo 15, 2020 - 06:20 a. m. 2020-03-15 Por: Jorge Ramos

María de Jesús Jaime Zamudio, conocida como Marichuy, murió una semana después de caer de un quinto piso en enero de 2016. Su madre, Yesenia Zamudio, está convencida que no fue un accidente ni un intento de suicidio, como sugirieron las autoridades en el momento de la tragedia. En estos 4 años ella ha insistido en que su hija fue asesinada.

En septiembre de 2019, el caso de Marichuy fue reclasificado como feminicidio. Esto la convierte en una de los miles de mujeres asesinadas en México por violencia de género. Los agresores, casi todos, están libres. “Lo que ahora sé, [es que] Mari sufrió violencia de género, acoso sexual”, me dijo Yesenia. “Cayó. Nadie la ayudó. Después la dejan en el olvido, desangrándose”. Marichuy, de 19 años, murió por múltiples fracturas por intentar escapar de sus atacantes. Su familia afirma que uno de los profesores de Marichuy y tres compañeros de la universidad la agredieron en su apartamento después de una noche de fiesta; aún no hay arrestos por su caso.

Yesenia se dio a conocer por un video que se hizo viral en redes sociales. “Y si quemo y rompo y hago un pinche despadre en esta ciudad, ¿cuál es su pinche problema? ¡A mí me mataron a mi hija! […] ¡Yo soy una madre que me mataron a mi hija! Y, sí, soy una madre empoderada y feminista y estoy que me carga la chingada. Tengo todo el derecho a quemar y a romper. […] Porque antes de que asesinaran a mi hija han asesinado a muchas”.

Yesenia dio este mensaje durante una protesta en la que muchas mujeres se reunieron frente al lugar donde mataron a Íngrid Escamilla. El cuerpo de Íngrid, de 25 años, fue encontrado descuartizado y su pareja acusada del brutal crimen. La publicación de fotos del cadáver ocasionó fuertes críticas contra medios de comunicación y contra el gobierno de Ciudad de México, por la filtración de las fotos.

La rabia de Yesenia, tan pública y digital, es la expresión de una nueva cultura en México contra el silencio, contra el machismo. Es una cultura en la que las mujeres exigen un trato igualitario. Pero, primero, es indispensable que no las maten.

En 2019 se registraron 1010 feminicidios en México, más del doble de los reportados en 2015. El feminicidio es el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer. Pero para clasificar así un crimen, el código penal requiere que se presente alguna de estas circunstancias: que la víctima “presente signos de violencia sexual”, que hayan existido amenazas, acoso, antecedentes violentos, una relación sentimental o de confianza con el agresor, privación de libertad o la exposición de la víctima en lugar público. El problema es que muchos asesinatos de mujeres caen en la categoría general de ‘homicidios dolosos’. Y en México esa categoría es como una fosa común: la mayoría de los homicidios no se investigan.

Desde que Andrés Manuel López Obrador es presidente hasta el 31 de enero de 2020, han sido asesinados 40.299 mexicanos y mexicanas. La cifras más alta desde que se lleva registro de la violencia. Sin duda, esta violencia y el auge de los feminicidios terminaron con la luna de miel que tuvo Amlo y ha creado la primera gran crisis en su gobierno. A veces da la impresión de que López, cuyos niveles de aprobación han caído al punto más bajo, no sabe qué hacer. Y muchos se preguntan si tiene la capacidad y un plan para enfrentar el problema más grave del país: el crimen que lo abruma desde hace décadas.

En 2017 le pregunté a López Obrador si era feminista. Eludiendo la respuesta, me dijo: “Las mujeres merecen ir al cielo”. Mostró esa misma ambigüedad en una reciente rueda de prensa cuando recitó un decálogo de buenas intenciones para enfrentar los feminicidios. “Se tiene que respetar a las mujeres” y “el machismo es un anacronismo, un acto de brutalidad”, son parte de la lista. En otra Mañanera, sus conferencias de prensa, una reportera le preguntó si tenía un plan para reducir los asesinatos de mujeres y él aseguró que se estaban “atendiendo las causas”, luego, otro lugar común: “Que haya mucho cariño, que no haya odios”.

Ese mismo día el presidente dijo que en México no había impunidad. No es cierto: en 2018, el 93% de los delitos no fueron denunciados o investigados, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Es lo que se conoce como ‘cifra negra’.

En febrero, después de una serie de protestas en las que manifestantes pintaron consignas contra la violencia de género en la fachada del Palacio Nacional, López pidió a las feministas que no pintaran las puertas del edificio, en el que vive y trabaja.

Pero la madre de Marichuy, tiene otra idea. “No queremos pintar su puerta, se la queremos tirar, señor”. Y luego lanzó un mensaje: “Por pura rebeldía, vamos a estar unidas. Vamos a querernos. Vamos a protegernos. Y vamos a cuidar a nuestras hijas e hijos porque a este gobierno no le interesamos”. Ella sabe que en México las matan y no pasa nada.

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