Un hombre nuevo para la política

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Un hombre nuevo para la política

Agosto 27, 2019 - 11:50 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En una columna anterior hablaba sobre la posibilidad de pensar ya en el cambio de la manera de hacer política, y la manera de ejercer el poder, que se entendiera como un servicio; para ello se necesitaría un hombre nuevo y decía que la Iglesia, que tiene la misión de ser profeta en el mundo, nos presentaba la imagen de Jesucristo a la humanidad para que tuviésemos en él el modelo a seguir para lograr ese hombre nuevo. Uno de los lectores de la columna respondía diciendo que no sería posible, porque ninguno de los candidatos para la elección de futuros gobernantes se parecía a Jesucristo, y es precisamente ahí en donde está lo nuevo, en que conozcamos la propuesta de Jesús y arriesguemos esa posibilidad de imitarlo en su pensar y obrar, para crear esa nueva política con ese nuevo hombre.

Lo más importante para aprender de Jesucristo es que para poder llegar a ser modelo para cada uno de nosotros hizo lo que se debe hacer para conocer bien al otro, acercarse e involucrarse con el otro de tal manera que llegó a ser uno con nosotros, eso es lo que aprendimos cuando se nos enseñó que se encarnó y se hizo hombre; que siendo Dios, el desconocido de todos, el inalcanzable, el poderoso, asumió toda la vulnerabilidad e imperfección humana y así desde dentro de lo humano, supo lo que cada uno de nosotros somos y experimentamos. Por eso el decir de quienes entraban en contacto con él, lo escuchaban: se admiraban de que hablaba con autoridad, con convicción; sentía con el otro, con los otros.

Su política la hizo pública en una campaña de tres años; anunciándole a los hombres que pertenecían a una familia que tenía un Padre que nos amaba y que deseaba volvernos a tener junto a él y que por eso Jesús recorría pueblos y ciudades, buscaba a enfermos, pecadores, pobres, ayudándoles a liberarse de la desesperanza, y de los egoísmos para que todos nos sintiéramos hermanos y construyéramos una sociedad solidaria en la Verdad, el Bien y el Amor, donde la justicia sembraba la posibilidad de la paz entre todos y lo demostró cuando le querían seguir y le preguntaban, ¿dónde vive?, les decía que él no tenía donde reclinar la cabeza, y que eso les ayudaba a pensar en su decisión de seguirlo, sin apegos, sin cadenas, totalmente libre. Ese es el verdadero hombre nuevo, el hombre que lucha por lograr que todos sus hermanos se realicen y tengan las oportunidades para conseguir la plenitud del ser y teniendo la decisión de dar la vida para lograrlo por los demás.

Esa es la visión de un hombre nuevo, que respetando la creación y a su hermano se pone al servicio de los demás para hacer de la existencia humana un camino direccionado hacia la plenitud del hombre por la realización de su existencia y la consecución de la vida en verdadera comunicación con el otro y los otros en la experiencia terrenal, haciendo de la política la expresión más alta de la caridad humana, mientras cumple el periplo por este mundo hacia la transcendencia total.

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