¿Permanecerá la Iglesia?

¿Permanecerá la Iglesia?

Junio 26, 2019 - 11:55 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

He querido iniciar la columna de hoy con este interrogante que, de paso, muchos tendremos ganas de encontrarle una respuesta convincente ante lo que se dice de esta institución bimilenaria.

Y empiezo acogiendo la respuesta del padre Joseph Ratzinger que daba en una emisora de Alemania por allá en 1969, respondiendo algunas reflexiones sobre ella: “De la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que solo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros”.

En sus respuestas, el otrora padre Ratzinger decía: “Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni la derecha”. Habrá divisiones, pero surgirá de su interior una gran fuerza, ante la soledad de los seres humanos en un mundo plenamente planificado. Sí decía el sacerdote, le esperan tiempos difíciles. Pero hay que contar con fuertes sacudidas. “Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, ya exánime, sino la Iglesia de la fe”.

Ya el escritor Uruguayo Eduardo Galeano, fallecido, al hablar de la cultura del envase en la que afirmaba estamos en plenitud y de la que no se escapa la Iglesia actualmente, decía: “El contrato del matrimonio importa más que el amor, el funeral, más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios”, pero esto que está aplicando a la religión, se puede aplicar a un sinnúmero de situaciones en la vida humana, pero debían alertar a los cristianos frente a esa cultura tan aceptable en la sociedad secular pero que debería ser totalmente inaceptable para los discípulos de Jesús. Sin embargo, en la cristiandad nominal la «cultura del envase» está condicionando a personas e instituciones que, por el contrario, deberían guiarse por la cultura bíblica: una cultura que antepone lo esencial a lo circunstancial, la realidad a las apariencias, la dignidad humana a los formalismos, la espiritualidad a la burocracia, el temor de Dios al miedo a los hombres, Cristo a la Iglesia, la vida a la existencia.

Asumiendo uno de los contenidos de la conferencia de Manfred Max Neef en la universidad Eafit cuyo tema es ‘Desarrollo a escala Humana’, afirmaba que la paradoja del mundo actual es que si nos encuestaran a todos si estamos contentos, habría una gran mayoría que diría que no por múltiples razones, todas muy conocidas y sentidas, siendo que es el Siglo XX quien más conocimientos ha entregado a la humanidad, pero a su vez donde más destrucción se ha logrado; y afirmaba, que la diferencia estaba en “que una cosa es conocer, y otra comprender”, y aseguraba que para comprender era necesario fusionarse el objeto con el sujeto de la comprensión.

En este punto de la reflexión, es cuando se entiende que, el objeto de la Iglesia, hace tiempo por los avatares de la mundanidad fue perdiendo la conciencia de su realidad y terminó distorsionándolo, alejándose de su esencia verdadera.

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