Paz a esta casa II

Paz a esta casa II

Enero 31, 2019 - 11:50 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En una anterior columna ya había hablado sobre el mensaje por la paz, pronunciado por el papa Francisco el primero de enero de 2019, recordando sus palabras a través del mensaje enviado a su patria en el marco de la celebración bicentenaria de su independencia.

En dicha enseñanza nos recuerda que desde la escuela nos enseñaron a amar a la ‘madre patria’, como nosotros también aprendimos a recitar en nuestros primeros años escolares las estrofas de Miguel Antonio Caro: “Patria, te adoro en mi silencio mudo y temo profanar tu nombre santo”. Pero también nos recuerda los grandes ideales de la ‘Patria Grande’ que soñaron Bolívar y San Martín.

Por lo anterior, solo quiero hacer de esta columna un canal para traer a la memoria la historia, para que nos ayude a pensar en el sentido de patria, por encima de los intereses personales, de los partidos, de la rigidez de las normas y leyes que por su cumplimiento pueden desproteger lo superior e importante, la dignidad y la vida humana.

Entremos entonces al momento histórico de Bolívar en Santa Marta, en la quinta de San Pedro Alejandrino, cuando se encontraban agotadas sus fuerzas y en su corazón existía gran desilusión, como si hubiese arado en el mar, y decía: “¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

118 años después de esta proclama escuchamos también al líder Jorge Eliécer Gaitán, asesinado unos pocos meses después de haber pronunciado el histórico discurso por la paz en febrero de 1948:
“Señor Presidente: nuestra bandera está enlutada y esta silenciosa muchedumbre y este grito mudo de nuestros corazones solo os reclama: ¡Que nos tratéis a nosotros, a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestros hijos y a nuestros bienes, como queráis que os traten a vosotros, a vuestra madre, a vuestra esposa, a vuestros hijos y a vuestros bienes!

Bienaventurados los que entienden que las palabras de concordia y de paz no deben servir para ocultar sentimientos de rencor y exterminio. Malaventurados los que en el Gobierno ocultan, tras la bondad de las palabras, la impiedad para los hombres de su pueblo, porque ellos serán señalados con el dedo de la ignominia en las páginas de la historia”.
Y terminemos con las palabras citadas en el mensaje del papa Francisco que son del arzobispo encarcelado por el régimen comunista Vietnamita, Nguyen Van Thuan:

“Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel. Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad. Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés. Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente. Bienaventurado el político que realiza la unidad. Bienaventurado el político que está comprometido en llevar un cambio radical. Bienaventurado el político que sabe escuchar. Bienaventurado el político que no tiene miedo”.

En esto consiste la buena y nueva política que sirve para la paz.

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