Nuestras diferencias son riquezas

Nuestras diferencias son riquezas

Enero 02, 2019 - 06:42 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Antes de que acabe el hermoso tiempo de la Navidad -aunque la feria nos substituya esa alegría espiritual de la Noche Buena con la alegría del mundo que convierte a nuestra feria como la más grande de América-, cuando esta linda experiencia del espíritu llega a su fin con la visita de los Magos a Belén, luego que ellos ofrecen sus existencias de rodillas al pequeño Dios humanado, retornan a sus países de donde partieron y nosotros volvemos a la realidad retomando el diario vivir, capturemos lo más hermoso que nos pueda dejar la Navidad: que en medio de ser tan diferentes, las diferencias se convierten en riqueza y compartimos así en familia, como hermanos.

‘Fraternidad’, palabra mágica para un mundo que sueña con la paz definitiva entre los hombres, pero que siente que tiene que recobrar algo tan maravilloso como la ternura para así recuperar la confianza en el otro y acercarse sin temores y miedos a su semejante y no tener respeto humano para abajarse como lo hicieron los magos, para adorar en el niño al rey de todos los hombres; sí, necesitamos abandonar todo lo que nos impide dejar aflorar la sensibilidad y la ternura que hay en nuestro interior, para poder mirar a los ojos con el sentimiento de encontrarse a un hermano y no a un enemigo y así poder enriquecerse en y con la diferencia de los otros.

La noche de la Navidad, el papa Francisco alzó la voz para que el mundo entero lo escuchase y pedirnos que en el silencio de Belén redescubriéramos los nexos de fraternidad que nos unen como seres humanos y nos vinculan a todos los pueblos, y nos invitó a que escucháramos con gozo el anuncio en el cielo de los ángeles, para que todos acá en la tierra con buena voluntad trabajáramos por la paz. Nos recordó que Jesucristo nos hermanaba con su nacimiento a Dios, entonces la esencia de todos nosotros es ser hermanos: la fraternidad. Si la fraternidad es la aceptación en la diferencia de todos, porque formamos una familia en nuestros padres que nos engendraron, y si creemos, tenemos un padre común que nos une en su único Hijo, Jesús.

Fraternidad que debe realizarse con todos los hombres y personas de cualquier nación y cultura, con las personas de diferentes ideas, pero capaces de respetarse y de escuchar al otro; también fraternidad entre las personas de diversas religiones. Jesús nos revela, que ese es el rostro de Dios que todos buscan, por eso se revela en un rostro humano concreto, el prójimo, por eso la salvación atraviesa por el amor, la ternura, la acogida, el respeto de nuestra pobre humanidad, es en él en donde entendemos que somos hermanos en humanidad.

Por esto no podemos ignorar los diversos rostros de humanidad que nos interpelan como los rostros de la martirizada Siria o los de África y Yemen exhaustos por el hambre y las guerras, que se refugian o se desplazan, y la península coreana con sus acercamientos que llaman a la unidad entre hermanos, o la dignidad y respeto ciudadano de los ucranios; la concordia entre los hermanos de Venezuela ayudando a los sectores más débiles de su pueblo y que los nicaragüenses se redescubran en su hermandad y así se reconcilien y construyan juntos el futuro del país, que la diferencia nuestra se enriquezca con el fundamento y fuerza de nuestra fraternidad: Dios.

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